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jueves, 16 de junio de 2016

Yo no veo novelas


¡Pero tengo que confesar que ya vi! Yo era apenas una “niñita” y me gustaba observar las historias y las tramas que yo juzgaba muy bien elaboradas. ¡Vana ilusión! Felizmente desperté a tiempo.
Pero no piense que decidí escribir sobre este asunto para quedar aquí hablando sobre lo que “yo” pienso de las novelas. No voy a hacer eso. Solo voy a mostrarle algunas declaraciones e investigaciones que apuntan a algunas constataciones muy importantes sobre el asunto. Al final, la conclusión será suya. Acompáñeme.
1) Una investigación hecha por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sugiere una conexión entre las novelas de una gran emisora brasileña y el aumento del número de divorcios en Brasil en las últimas décadas. Publicada por la BBC.com, la investigación toma en cuenta los censos de los años 70, 80 y 90 y el alcance de la emisora en todo el país. Para los autores, Alberto Chong y Eliana La Ferrara, “la proporción de mujeres que se separan o se divorcian aumenta significativamente después que la señal de esa emisora se vuelve disponible”.
El estudio aun hizo la siguiente observación: se analizaron 115 novelas transmitidas por una única emisora entre 1965 y 1999. En ellas 62% de los personajes principales femeninos no tenían hijos y 26% eran infieles a sus parejas.
2) Vea lo que Glória Perez, una famosa autora de novelas, declaró en Twitter al respecto de una de sus producciones: “Yo siempre quise escribir para movilizar, el éxito es eso: provocar la exaltación de los sentimientos: encantamiento, rabia, libertinaje, escalofríos, debates, todo movido por pasiones descontroladas. La única cosa mortal para una novela es la indiferencia”.
3) En las páginas de la revista Isto É Dinheiro (Esto es dinero), del 2 de noviembre de 2012, encontré una investigación hecha por la empresa Sophia Mind que demostró que 83% de las brasileñas ven a alguna novela. De esas, 64% son fieles telespectadoras, y ven su novela preferida todos los días, siendo que 49% hasta adelantan sus quehaceres para no perder el horario, y 30% dijeron alterar algunos horarios para no saltar ningún capítulo.
La investigación indica que la alta audiencia de las novelas se refleja también en los hábitos de consumo: las ropas (76%) y los peinados (59%) de los personajes son lo que más se destacan. La apariencia de las actrices influencia a 77% de las entrevistadas a la hora de pintarse las uñas, a 70% en el maquillaje, a 65% cuando van a cortarse el cabello, y 66% admitió ya haber comprado ropas inspiradas en los personajes femeninos. Esmalte, vestido, blusa y calzado es lo más comprado.
El impacto de la propaganda también es impresionante: 89% de las mujeres dijeron percibir la publicidad hecha en las novelas y 49% afirmó ya haber adquirido algún producto o servicio por causa de la trama.
4) El “Manual de Atención a la Salud del Adolescente”, hecho por la Coordinadora de Desarrollo de Programas y Políticas de Salud de São Paulo, en el año 2006, destacó el siguiente tema: “Los jóvenes han recibido un alto contenido sexual en las programaciones y propagandas transmitidas por la TV, a través de mensajes que valorizan el sensacionalismo, la erotización, las relaciones casuales […]. En las novelas y series, la mayoría de los actores son jóvenes y bellos, cambian constantemente de pareja, no usan métodos contraceptivos ni de protección contra las ETS y, aun así, no se contagian, no se embarazan y los finales son siempre felices”. ¡Y ese alerta se hizo ocho años atrás! ¡Imagine el impacto de todo eso hoy!
5) Una noticia publicada en UOL, el 13 de mayo de 2014, en la página de noticias de la TV, hablando sobre las estrategias para alcanzar altos números en Ibope, afirmó: “El autor Manoel Carlos va a explotar al máximo la sensualidad de Bruna Marquezine en los capítulos de la próxima semana de Em Família. La actriz de 18 años va a protagonizar tres escenas de sexo en apenas dos capítulos, en una tentativa de levantar la audiencia de la novela, que registra promedios semanales inferiores a los 30 puntos”. Mmm… ¡así es como hacen para llamar nuestra atención! ¡Fíjese!
6) La próxima novela que va al aire, en una de las grandes emisoras brasileñas, tendrá como título “Babilônia”. Nombre bien sugestivo, ¿no cree? Estuve investigando y, entre otras cosas, anoté los siguientes datos sobre la trama: “Babilônia tendrá un equipo de primera: Camila Pitanga será la protagonista y Gloria Pires dará vida a una ninfomaníaca que elimina a sus víctimas después del sexo”; “otro núcleo que promete fuertes emociones es el de Fernanda Montenegro y Nathalia Timberg. Amigas en la vida real, ellas darán vida a una pareja homosexual que, después de años de relación, decide oficializar la unión”; “Cássio Gabus Mendes también está garantizado en el libreto. Él se prepara para interpretar a un megalómano millonario y listo para cualquier tipo de maldad”; “Gabriel Braga Nunes… será un pícaro carioca que utiliza la famosa picardía brasileña para darse la buena vida”. En fin, y eso es lo que viene por ahí…
Bien, usted leyó todo eso y tal vez esté racionalizando: “¡Ah, pero para mí solo es una ‘pequeña diversión’!”. ¿Está seguro? Calcule conmigo: supongamos que una novela tenga 40 minutos de duración, sea transmitida de lunes a sábado, y dure seis meses. Normalmente duran más, pero vamos a quedarnos con estos números. Pues bien, en una situación como la que cité aquí, el total de horas gastadas viendo esa “pequeña diversión” será de 102 horas. Son 102 horas de mucha técnica utilizada por profesionales extremadamente bien preparados para infundir información en su mente. ¿Cree que eso no va a causar ningún impacto en su vida ni en la vida de sus hijos?
Hay un dicho bien popular que dice que “la gota constante horada la piedra”. Un minuto, 10, 20, una hora, tres horas, cinco, 10, 20, 30… 80 horas… 100… 102 horas… ¡puede estar seguro: va a horadar!
Por
Marcia Ebinger

domingo, 4 de mayo de 2014

¿Cómo elegir lo que miramos en la pantalla?


Por: Daniel Reynaud


La mayoría de los entretenimientos se caracterizan por la violencia, el sexo, un estilo de vida destructivo y el materialismo rampante Algunos adventistas responden al problema eliminando por completo la televisión, los vídeos y los filmes por considerarlos una fuente de corrupción.

Sin embargo, el aislarnos de los medios y de su valor potencial pareciera ser una actitud no realista. Sin una comprensión acabada de este tema, nuestro mensaje podría tornarse aislacionista e irrelevante y podríamos correr el riesgo de desconectarnos de la misma sociedad que debemos aceptar. Por supuesto, una aceptación irrestricta y complaciente de la oferta televisiva y cinematográfica definidamente no favorece al cristiano. ¿Sobre qué base, entonces, podemos elegir qué ver y qué no ver?

Los medios y los valores

En primer lugar, debemos entender cómo funcionan los medios. Demasiado a menudo, juzgamos los medios sobre la base de sus mitos populares, sin examinar realmente esosmitos. Resulta irónico que muchos de esos mitos son de hecho promovidos por los medios mismos, ya que sirven a su interés.

La preocupación primordial de los medios no es estética o moral. Aunque algunos productores tienen una agenda social o moral que apoyar como, por ejemplo, la tolerancia a la homosexualidad o una mayor aceptación de los enfermos de SIDA, en términos generales, los medios no presentan conscientemente un punto de vista. La razón de sus posturas sociales y morales generalmente uniformes se debe más que nada a las presiones comerciales en las que se desempeñan que a la conspiración de productores malignos.

A veces sentimos como audiencia que somos manipulados por productores que nos imponen sus opiniones. Sin embargo, si habláramos con ellos, veríamos que a menudo ellos sienten que dependen de audiencias volubles, cuyos gustos y deseos intentan constantemente entender y satisfacer. La historia de los medios está llena de ejemplos de filmes, programas televisivos y álbumes musicales cuyas ventas resultaron ser un fracaso. Estaban dotados de talento popular y una producción técnica de alta calidad pero, por alguna razón misteriosa, no lograron entusiasmar a sus audiencias. Como la producción de programas generalmente es muy costosa, los productores están continuamente buscando la fórmula mágica que les garantice un rédito a sus grandes inversiones. De allí la tendencia de crear una segunda parte de filmes exitosos. Sin embargo, los productores todavía no han podido descubrir qué es lo que hace que una producción resulte en un éxito o un fracaso.

Ahora que sabemos que los medios no se interesan primordialmente en transmitir valores, necesitamos establecer de qué tratan. Antes que nada, los filmes y la televisión son un negocio. Como negocio, su objetivo principal es ganar dinero, lo que logran de acuerdo con el número de espectadores; por lo tanto, intentan agradar al más amplio espectro posible de público. En la televisión, la recaudación más grande se lleva a cabo por medio de la publicidad. Si bien las mediciones de audiencia son importantes, más significativas aún son las opiniones de los publicistas. Podríamos mencionar varios programas populares que fueron eliminados del aire porque los publicistas consideraron que esos programas no eran un medio adecuado para sus productos. La función principal de la televisión es entretener pero, para los productores, es vender la atención de la audiencia a los publicistas.




Los publicistas desean encontrar en la televisión un marco adecuado para mostrar sus productos. Generalmente, esto significa representar a gente de raza blanca de clase mediaalta con un nivel de consumo más elevado que el común. El presentar personajes populares cuyo estilo de vida es un poco superior al nuestro anima el consumismo, que es lo que desean los publicistas. El materialismo rampante de latelevisión, y hasta cierto punto su racismo (la raza blanca predomina) y sexismo (los hombres aparecen tres veces más entelevisión que las mujeres y generalmente tienen los puestos de poder) son en gran medida el resultado de la necesidad de crear programas que apoyen la publicidad.

El cine, por el contrario, no depende de las ganancias obtenidas por la publicidad, por lo que su sistema de valores puede variar. Sin embargo, existen dos factores que lo acercan a los valores sociales aceptados, a saber, la necesidad de apelar a audiencias numerosas y la colocación de un producto. Este último es una forma de publicidad disfrazada, donde una compañía paga por recibir una cobertura favorable y significativa de su producto. Si una marca es visible en un filme, alguien probablemente pagó por ello. Esto sucede especialmente en el caso de las aerolíneas, los cigarrillos y el alcohol. De hecho, el cine tiende a enfatizar el consumismo egoísta y apoya las actitudes racistas y sexistas.

Para los cristianos, las cosas más notables en relación con la televisión y el cine suelen ser el sexo y la violencia, aunque a menudo dejamos de notar el craso materialismo tan arraigado en estos tipos de entretenimiento. La razón por la que ese materialismo no nos ofende es que tenemos los mismos valores. Y los medios logran influirnos especialmente cuando coinciden con nuestros valores, porque refuerzan lo que ya creíamos sin saberlo. Cuando los medios presentan algo objetable, solemos rechazar conscientemente esas ideas, minimizando su impacto.


Qué mirar

Ahora que conocemos el proceso que utilizan los medios para generar valores y hasta cierto punto la manera en que escapa a nuestra conciencia, podemos ocuparnos de nuestras elecciones. Inmediatamente surgen dos aspectos: ¿Qué mirar? ¿Cómo mirar? Nuestra elección debe estar complementada por una actitud y un proceso particulares si es que queremos mantener un sano enfoque cristiano de los medios. Creo que el “cómo” pone a nuestra disposición una gama de medios a una interacción cristiana positiva, sin la cual existen pocos medios recomendables para el cristiano. El “qué” es a la vez simple e imposible de responder. A menudo la gente quiere una lista de filmes aceptables. Eso se parecería demasiado a lo opuesto del “Index” (la lista de libros prohibidos por la Iglesia Católica durante y después de la Reforma). Sin embargo, los filmes apropiados pueden definirse de manera cualitativa y no cuantitativa. En otras palabras, pueden ser aceptables para una persona dentro de un contexto pero inaceptables en diferentes circunstancias. Es evidente que las diversas personalidades responden de manera diferente a filmes y programas particulares, como sucede con creaciones estéticas como la pintura, la música o cualquier otra. Deben tenerse en cuenta las diferencias de gusto como parte de la diversidad humana creada por Dios. Entonces, ¿cómo elegir un filme o un programa?

Yo preguntaría: ¿Refleja el mundo o parte de él? ¿Nos hace más sensibles al sufrimiento y al gozo, el dolor y el asombro? ¿Me pone en contacto con las emociones de otro? ¿Existe un mérito estético en su formación, calidad en sus procesos creativos, tal como la utilización del lenguaje o la yuxtaposición de imágenes? Cada una de estas características hace que un filme o programa sea pasible de alcanzar una reacción cristiana positiva.

La primera pregunta (¿Refleja el mundo?) nos pide que consideremos de qué maneras los medios nos permiten captar la condición humana. Debo enfatizar que la condición humana presentada no necesita ser positiva, dulce y alegre. Demasiado a menudo, los cristianos presuponen que las representaciones del mal son inapropiadas. Ha existido la tendencia de adoptar una visión tipo Disney del mundo, tanto literal como metafóricamente, lo cual no creo que sea correcto. Dios no tiene una visión falsamente romántica del mundo. La Biblia está llena de turbadoras imágenes del mal y allí está el secreto. Cuando la Biblia presenta el mal, lo muestra en todo su contexto, a menudo con ganancias a corto plazo, pero siempre con dolor a largo plazo. Los cristianos deberían rechazar los medios que ignoran la realidad del mal y sus consecuencias. Muchos programas son demasiado melosos, y muchos más, por elcontrario, intentan cubrir el mal con un velo de romanticismo y “glamour” al mostrar que la mala conducta no tiene consecuencias negativas. Por lo general, los héroes se valen de la violencia para lograr sus fines o tienen múltiples relaciones sexuales sin sufrir el bagaje emocional que esa conducta acarrea.

Un programa que refleja el mundo, o al menos parte de él, nos debería poner en contacto con las experiencias de personas reales. La comprensión de la verdadera naturaleza del mal y del bien es valiosa para el cristiano. Nos hace más sensibles a las necesidades de los demás y a la naturaleza del conflicto espiritual en este planeta. Para ello, un filme no necesita ser realista. Algo parecido sucede con las parábolas de la Biblia que, sin ser literales, enseñan una verdad real.

La pregunta en relación con la estética es a menudo ignorada por los cristianos. Somos responsables de desarrollar la apreciación estética, porque es un don de Dios y un reflejo de su propio sentido de belleza. Por lo tanto, debemos considerar lo estético de un filme además de su dimensión ética.

Cómo mirar




Para comenzar a responder este importante interrogante, permíteme sugerirte algunas cosas. Recuerda que los medios giran en torno a valores comerciales. El saberlo nos hace más sensibles a su influencia y actúa como un freno a su efecto. De hecho, siempre deberíamos reflexionar en el sistema subyacente de valores de un filme determinado. A menudo, un filme posee tanto valores superficiales como subyacentes, que pueden oponerse entre sí. Por ejemplo, el filme reciente


El diario de Bridget Jones posee valores que a primera vista parecen apoyar actitudes libertinas, aunque sus valores subyacentes tienen que ver con la integridad y la identidad humanas. Con la actitud correcta, el filme puede sensibilizarnos acerca de las situaciones que enfrenta la gente secular de nuestros días. En forma superficial, puede ser visto simplemente como un entretenimiento o como una experiencia negativa. El ser conscientes de los valores de un producto puede ayudarnos a reaccionar de manera apropiada. También es de ayuda conocer los procesos de producción de un filme o un programa. Por ejemplo, el conocer las técnicas básicas de filmación puede ser una manera poderosa de entender qué métodos de persuasión utilizan los medios. Los ángulos de filmación, la iluminación, la edición y el sonido nos ayudan a reaccionar ante los personajes representados. Cuanto más conozcamos los procesos, podremos determinar mejor nuestra reacción.


He presentado este tema en el nivel universitario durante más de diez años, y la respuesta más común que he recibido es que los conocimientos de las técnicas de filmación producen en los alumnos un desprecio saludable por toda la basura que solían mirar, ya que discriminan mejor, tanto en sus elecciones como en sus reacciones. En otras palabras, sus conocimientos trasladan el centro del filme al espectador.


Existen otras formas de educar al espectador. Por ejemplo, la mayoría de los filmes y programas son reseñados por la prensa. Naturalmente, esto no necesariamente se hace desde una perspectiva cristiana. Los reseñadores tampoco actúan siempre con justicia. A menudo poseen una actitud elitista hacia el cine popular. Sin embargo, las reseñas opinan acerca de la oferta actual y son una fuente de conocimiento que capacita al espectador. Otra forma válida de mirar filmes desde una perspectiva cristiana positiva es discutirlos luego de verlos, analizando particularmente su sistema de valores. Esta práctica nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad de comprensión, y el escuchar las posturas de los demás puede ampliar la nuestra, sensibilizándonos en aspectos que pudimos haber pasado por alto.


Conclusión


Permíteme concluir refiriéndome brevemente a dos filmes recientes relativamente populares: Shrek y Pearl Harbor. Tal vez no nos pongamos de acuerdo, pero al menos habremos considerado el valor de los filmes.


Mi reacción a Pearl Harbor fue muy negativa. Este filme, dirigido por expertos que se valieron de una técnica excelente, mostró claramente los horrores de la guerra, pero en mi opinión estas virtudes se velaban por debilidades importantes. El libreto está mal escrito y el argumento, sobrecargado de clichés. El tratamiento de los personajes y los temas son superficiales y fueron impulsados mayormente por la necesidad de resolver un triángulo amoroso. En muchos aspectos, me hizo recordar a Titanic, otro filme cuyas maravillas técnicas ocultó fallas similares. Lo que los desmejoró aún más fue la ilusión de mostrar algo histórico y real. Técnicamente, tenían muchos aspectos de realidad (por ejemplo, los barcos y los aviones parecían reales). Sin embargo, ambos usaron esto para vender un sistema de valores sentimental y superficial.


Por el contrario, Shrek es un ejemplo de un filme irreal que se ocupa de temas reales. Sus imágenes están generadas por una computadora, y todo el relato es una sátira de cualquier cuento de hadas que hayamos oído. Sin embargo, trata acerca de las relaciones humanas de una manera que refleja las complejidades de la vida real. Los personajes poseen valores en pugna que buscan la primacía y deben escoger. Al final, los personajes principales optan por relaciones basadas en la confianza y el perdón antes que las basadas en ganancias personales o las apariencias. El punto culminante del filme, cuando la princesa se transforma en una horrible criatura, similar a Shrek, enfatiza que los valores verdaderamente humanos no pueden estar basados en la mera apariencia. A pesar de un ocasional vocabulario inapropiado, el filme es pasible de una reacción positiva desde una perspectiva cristiana.


Daniel Reynaud (Ph.D., University of New Castle) es profesor titular en la Faculty of Arts, Avondale College, Cooranbong, Australia, y el autor de Media Values: Christian Perspectives on the Mass Media (Cooranbong: Avondale Academic Press, 1999).



Fuente: Dialogo Universitario 

martes, 1 de abril de 2014

Aprendiendo a perdonar


Cuando el rabino Michael Weisser y su esposa Julie se mudaron a Lincoln, Nebraska, huyendo de la persecución antisemítica que habían padecido en el este de los Estados Unidos, no podían imaginar lo que les esperaba: esta capital era la sede del Gran Dragón del Ku Klux Klan, una organización cuyo propósito es exaltar a la raza blanca a expensas de las demás razas, entre ellas la judía.1
Los Weisser empezaron a recibir literatura racista y llamadas telefónicas obscenas. Y ante cada amenaza, iban poniéndoles cada vez más candados a las puertas y vigilando las entradas y salidas de sus hijos.
Hasta que un día se cansaron de vivir prisioneros en su propio hogar. Se propusieron ganarse al enemigo con el amor. El rabino empezó a dejar mensajes de paz en la máquina contestadora del teléfono del Gran Dragón.
Y, ¿quién era este Gran Dragón, este rey del odio? Un pobre desgraciado, llamado Larry Trapp, al que le habían amputado ambas piernas hasta la rodilla por causa de la diabetes, y que vivía confinado en una silla de ruedas. Un hombre abandonado de niño por su padre y que tras dos matrimonios fracasados vivía solo.
El rabino se pasó todo un año dejando aquellos mensajes bondadosos, hasta que un día, el amor perdonador del rabino y su familia logró derribar la muralla de odio que había construido Larry Trapp en su entorno. Cuando Larry Trapp estaba en su lecho de muerte, los Weisser lo recibieron en su hogar y lo atendieron hasta que murió. ¡Otro milagro del amor y del perdón!
Durante los últimos años ha habido un gran interés en el poder restaurador del perdón. Por ejemplo, el poder del perdón para abrirle el paso al amor y a la sanidad emocional y aun física, se viene estudiando por la comunidad científica desde finales de la década de 1980. Existe en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, el Instituto Internacional del Perdón, fundado en 1994. Los cerebros más privilegiados se dedican a dilucidar los misterios de un acto capaz de reconciliar a enemigos de por vida, librar del odio a un corazón lacerado por el abuso, y aun sanar una enfermedad física.
En Sudáfrica, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, bajo el liderazgo del arzobispo Desmond Tutu y respaldada por el gobierno de Nelson Mandela, logró evitar años de represalias entre blancos y negros mediante un proceso de confesión y amnistía. Y el interés por perdonar no se limita a las naciones cristianas. En el Japón, hace unos años, el primer ministro pidió disculpas al pueblo coreano por las masacres de años pasados.
¿De dónde nace el poder sanador del perdón? El poder del perdón proviene de un Dios perdonador. Cuando la primera pareja cayó en pecado y ofendió a su Creador, Dios tomó la iniciativa para subsanar la relación quebrantada. En un acto de amor y de gracia infinitos, se ofreció a sí mismo mediante su Hijo, Jesucristo, para pagar el precio de la ley transgredida. Esa ley, la ley de la vida, debía repararse con la vida de alguien, y ese alguien fue el inocente Cordero de Dios, Cristo. Este acto perdonador había de servir por siempre a los seres humanos como ejemplo de la actuación del perdón en la vida de todo creyente. Así como el perdón de Dios construyó un puente entre el cielo y la tierra, el perdón que yo le ofrezco a quien me haya injuriado llega a ser el puente a través del cual volverán a pasar los actos de bondad y de amor entre mi prójimo y yo.
El perdón está al centro de la religión cristiana, pero el perdón es la virtud cristiana más difícil de practicar, precisamente por su capacidad de hermanarnos con lo divino. Podríamos definir el perdón como el ejercicio humano de una virtud divina. No deseamos perdonar a una persona que nos ha insultado, pero la invitación divina es perdonar, así como nosotros hemos sido y seguimos siendo perdonados por un Dios misericordioso.
¿Por qué deben perdonar los cristianos?
1. Porque servimos a un Dios perdonador: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Dios no esperó a que nosotros le pidiéramos perdón, sino que, en un acto de gracia, pagó el precio que nosotros, por ley, debíamos pagar. Y no nos perdonó solo una vez, sino que nos sigue perdonando gracias a la sangre derramada de Cristo Jesús. Dice el salmista: “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmo 103:10, 14).
2. Porque al aceptar a Cristo como nuestro único Señor y Salvador, somos transformados en nuevas criaturas: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17) Ahora lo que nos dictan las tradiciones y la herencia cultural tiene que pasar por el cedazo de la nueva criatura hecha, no ya a la imagen de lo que impone la sociedad, sino a la imagen de Cristo, Dios con nosotros. La vivencia de Cristo en el cristiano es lo que dicta la forma en que tratará a la esposa, a los hijos, al compañero de trabajo o de la escuela. Y el Espíritu Santo, que reemplaza al espíritu humano vengativo y orgulloso, actúa en nosotros para sustentar la nueva creación en el camino del amor.
3. Porque al constituirnos en nuevas creaciones, Dios nos asigna el ministerio de la reconciliación: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18). Este ministerio no se limita a traer a las almas perdidas a los pies de Jesús. Incluye arreglar cuentas con las personas a quienes hemos ofendido o que nos han ofendido a nosotros.

Principios bíblicos del perdón

¿Qué nos enseña la Biblia acerca del perdón?
1. Dios es amor. En primer término, la Biblia nos dice que nuestro Dios no se cansa de perdonarnos. Cuando se manifestó a Moisés en el desierto, reveló su carácter de la siguiente manera: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” (Éxodo 34:6, 7). El Dios del Antiguo Testamento es el mismo que se manifestó en el Nuevo Testamento mediante Jesús de Nazaret, un Dios de misericordia y compasión, y sus hijos han de reflejar ese carácter santo.
2. La confesión. La confesión es la antesala del perdón. Para que haya una confesión, debe haber un reconocimiento del mal cometido. Esto también se aplica a nuestras relaciones con los demás. Este principio se encuentra en el Salmo 32: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día... mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (vers. 1, 3, 5). También hemos de tener la valentía de confesar nuestras ofensas a quien hayamos ofendido. La oración modelo de nuestro Señor Jesucristo nos recuerda la relación que existe entre recibir el perdón de Dios y perdonar al prójimo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (S. Mateo 6:12).
3. No se perdona solo una vez. Dios no nos perdonó solo una vez, aún nos sigue perdonando. Por eso, debemos ser pacientes con los que nos ofenden: “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento, perdónale” (S. Lucas 17:3, 4). Peter Ustinov ha dicho que el amor es un acto de perdón perpetuo. Si Dios tiene paciencia conmigo, yo he de tener paciencia con el prójimo.
Es necesario señalar la diferencia entre perdonar y reconciliarse. Siempre hay que perdonar, aunque no siempre pueda haber reconciliación. Por ejemplo, volver a vivir con el ofensor, en casos en que peligra la vida de la víctima. Tal vez no se pueda volver a la misma relación de antes, así como en el caso de Dios con el antiguo pueblo de Israel, pero siempre se puede perdonar, es decir, librar al ofensor de su deuda y respetar su deseo de no seguir en la relación. ¿Cómo puede ser esto? Porque el perdón libera a la víctima del odio y el resentimiento que tarde o temprano tendrán su efecto nefasto en la mente y en el cuerpo.
4. El perdón sana. Para Jesús, el perdón y la sanidad del ser humano eran lo mismo, tal como se revela en el caso del paralítico a quien Jesús dijo al sanarlo: “Tus pecados te son perdonados” (S. Mateo 9:1-7).
El Dr. Bernie Siegel, oncólogo y autor del libro Del amor, la medicina y los milagros2cuenta la historia de una paciente suya, desahuciada, a quien el cáncer había invadido casi todo el cuerpo. Ella se fue a una cabaña que tenía cerca de un lago en las montañas y allí, rodeada de aquella belleza natural, empezó a pensar en todas las personas que la habían ofendido: su ex esposo, su padre, una hija, etc. Eempezó a escribir los nombres de cada persona y cuando terminó, se puso de pie en frente del papel y declaró: “¡Los perdono a todos!”
De pronto sintió una fuerza que no había sentido en un año o más. Hasta la fecha apenas había podido caminar de la mesa hasta el refrigerador, pero según iban pasando los días tenía energía para salir a caminar, y cuando logró darle la vuelta completa al lago, llamó al Dr. Siegel para rogarle que le hiciera las pruebas para ver si todavía tenía el cáncer. Y cuando volvieron las pruebas, éstas revelaban que el cáncer había desaparecido por completo.
El aprendizaje del perdón es un desafío diario que, gracias a Dios, no tenemos que afrontar solos. Jesús les prometió a sus seguidores antes de volver al cielo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (S. Mateo 28:20), una promesa que usted y yo podemos reclamar frente a los grandes y pequeños desafíos del diario vivir.
por Lourdes Morales-Gudmundsson
1 Katherine Watterson, Not by the Sword (Nueva York: Simon & Schuster, 1995).
2 Bernie Siegel, Love, Medicine, and Miracles (Nueva York: Harper, 1986).

viernes, 24 de enero de 2014

Los padres generan las bases para que los hijos tengan éxito en su vida!



¿En qué medida y de qué maneras influimos los padres para que nuestros hijos sean buenos estudiantes? 

Mag. Roberto Ledesma, director del Col. Alberto Schweitzer, responde:

Siempre y cuando hablemos de niños sin dificultades profundas de aprendizaje, pienso que los padres generan todas las bases, en casa, como para que los hijos tengan éxito en su vida ...
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lunes, 16 de septiembre de 2013

Cómo ayudar a sus hijos a tener éxito en la escuela


Hilda creció escuchando la historia de cómo sus padres Raúl, de origen mexicano, y Juana, nacida en Nicaragua, se conocieron mientras asistían a una clase para obtener la ciudadanía estadounidense en Los Ángeles, California. A la hora de cenar, su padre les contaba los esfuerzos que hacía para lograr mejores condiciones de salud y seguridad en su trabajo. Hilda llevaba a sus hermanitas menores con frecuencia a la biblioteca.
Juana trabajaba hasta diez horas diarias, pero mantenía contacto con la escuela de sus hijos. Un día el consejero de Hilda le dijo: “Señora, su hija no es material universitario. Debería seguir la carrera de su hermana mayor y estudiar secretariado”. A pesar de ello, Hilda se graduó con un Bachillerato en Ciencias Políticas de la Universidad Politécnica del Estado de California y obtuvo una Maestría en Administración Pública en la Universidad del Sur de California. Hilda terminó siendo una secretaria: ¡la Secretaria de Trabajo de los Estados Unidos de América! Ella fue la primera mujer latina en el Senado de California, la primera mujer que recibió el John F. Kennedy Profile in Courage Award, y la primera mujer latina en servir en el Gabinete de los Estados Unidos de América.1
Como Hilda L. Solís, varios líderes del gobierno actual de los Estados Unidos, incluyendo al Presidente Barak Obama, fueron los primeros en sus familias en asistir a la universidad. La cuarta parte son graduados de la Universidad de Harvard.2
No siempre escuchamos historias tan alentadoras. Los latinos, quienes constituyen el grupo étnico que crece más rápidamente en los Estados Unidos, son los que tienen menos educación formal. Las estadísticas nos dicen que desde kindergarten hasta el día final de su educación formal, el promedio de los latinos en los Estados Unidos tiene un rendimiento escolar más bajo que la mayoría de sus compañeros de escuela.3
¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a triunfar académicamente en medio de una sociedad donde la violencia doméstica, los padres ausentes, la intimidación, el aislamiento social, la gratificación instantánea y la explosión tecnológica, entre otros problemas, han creado un mundo diferente? Esta “generación cibernética” ya no se reúne con sus amigos después de las clases para subirse a los árboles, jugar a la pelota, las muñecas o el baloncesto, sino que se comunica a través de los sitios sociales en el Internet.
Estudios indican que el 93 por ciento de los adolescentes entre los 12-17 años tiene acceso al Internet y el 71 por ciento tiene teléfono celular.4 Esto facilita la comunicación, pero también permite el intercambio de mensajes con contenido sexual, amenazas e intimidación. La práctica de enviar fotografías sexualmente explícitas de ellos mismos o de otros se conoce como “sexting”. Estudios realizados entre los adolescentes de 13 a 19 años indican que el 20 por ciento ha enviado y el 48 por ciento ha recibido mensajes con contenido sexual,5 lo que contribuye al acoso sexual, los embarazos precoces y otros problemas.
Rainwater and Smeeding (2005) indican que el ambiente que rodea a los estudiantes fuera de la escuela contribuye más a sus resultados académicos que los factores en la misma escuela.6 Estos hallazgos confirman la importancia que tiene el hogar en la formación y el éxito académico de los niños. Los padres tienen en sus manos la oportunidad de cambiar significativamente las circunstancias que afectan el desarrollo intelectual y moral de sus hijos. Consideremos las siguientes áreas relacionadas con la familia que preparan a los niños para tener éxito en la escuela y en la vida.
La familia es el centro de aprendizaje de la herencia cultural y familiar.Al aprender acerca de sus antepasados, los niños se dan cuenta que son parte de una historia que comenzó antes que ellos nacieran. Esto les da sentido de estabilidad, seguridad y pertenencia.
Ayude a sus hijos a desarrollar una actitud positiva. Repítales que son inteligentes, fuertes y capaces de lograr sus metas. Presente como modelos a personas que han triunfado en sus estudios o sus carreras. No deje de enseñarles que todos somos hijos del mismo Dios y como tales, tenemos el mismo valor.
Enséñelos a respetarse a sí mismos. Deben aprender desde pequeños a respetarse a sí mismos y a conocer el valor que tienen delante de Dios. Enséñeles buenos modales y no permita el abuso físico, sexual, verbal, o emocional en su familia. Sea honesto con ellos y sentirán que usted los respeta. Mantenga una relación abierta con sus hijos y conozca a sus amigos. Establezca límites, disciplínelos con amor y explique las consecuencias de sus acciones.
Ayúdelos a desarrollar sus facultades. Enseñe a sus hijos a disfrutar de la música clásica, la naturaleza y el arte. Llévelos a la biblioteca y busque actividades intelectuales que no sean costosas pero que les ayuden a desarrollar armoniosamente todas sus facultades. Desde pequeños ponga en sus manos libros para instigar el amor hacia la lectura. Conozca las habilidades de sus niños y motívelos a desarrollar todo su potencial mientras los prepara mental y emocionalmente para alcanzar las metas más altas.
Establezca una hora específica para las tareas escolares y las del hogar. Realizar tareas para el bienestar general de la familia les enseña responsabilidad y propósito en la vida. Los horarios y rutinas hogareñas les ayudarán a desarrollar destrezas de organización y trabajo independiente.
Participe en su educación, asista a las reuniones y comuníquese con los maestros. Conozca los derechos y servicios que sus hijos deben recibir y asegúrese de que completen los requisitos y exámenes que faciliten su ingreso en la universidad.
Enséñelos a confiar en Dios. Al terminar, quiero enfatizar lo que considero más importante: la relación con Dios. Cuando un niño aprende por precepto y por ejemplo a honrar a Dios y a sus padres, respetará también a sus maestros. Enséñeles que hemos sido creados por Dios quien lo dio todo para demostrar su amor infinito. “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17).
Dios inicia el acercamiento, nosotros respondemos y desarrollamos una relación con nuestro Creador. Su eterno amor nos sostendrá a través de las dificultades y nos enseñará lo que debemos hacer. Nuestros hijos, al observar nuestra vida, aprenderán por ejemplo y desearán tener una relación íntima con Dios, quien los ayudará a vivir una vida de éxito aquí y por la eternidad.
por Myriam González
1Greenhouse, S. 6 de julio, 2009. “As Labor Secretary, Finding Influence in Her Past” [Electronic versión].New York Times; Hilda Solis. Consultado el 22 de mayo, 2011 en img1.browsebiography.com/bio-hildalsolis.html.
2Wides-Muno, L. 2009. “Obama appointing Hispanics to senior positions at record pace” [Electronic version].diverseeducation.com/article/13285/.
3Gándara, P., “Meeting Students Where They Are” [Electronic Version]. Educational Leadership, T. 67, No 5, pp. 24-30. Consultado el 22 de mayo, 2011 en www.ascd.org/publications/educational-leadership/feb10/vol67/num05/The-Latino-Education-Crisis.aspx.
4Jones S, Fox, S. Generations Online in 2009, (Washington, DC: Pew Research Center, 2009). Consultado el 22 de mayo, 2011 en www.pewinternet.org/~/media//Files/Reports/2009/PIP_Generations_2009.pdf.
5Sex and Tech: Results from a Survey of Teens and Young Adults. National Campaign to Prevent Teen and Unplanned Pregnancy. Consultado el 22 de mayo, 2011 enhttp://thenationalcampaign.org/sextech/PDF/SexTech_Summary.pdf.
6Rainwater, L., Smeeding, T. Poor Kids in a Rich Country: America´s Children in Comparative Perspective(New York: Russel Sage, 2005).


La autora tiene un doctorado en Educación y es pastora de la iglesia All Nations de Monrovia, California.
FUENTE: el Centinela

lunes, 25 de marzo de 2013

¿Sin 'tele' antes de los tres años?


Los niños de hoy en día conviven en casa con al menos cinco pantallas, sumando televisiones, ordenadores, videojuegos, teléfonos de última generación y tabletas. Con toda esta tecnología a su alcance, un especialista británico acaba de abrir el debate sugiriendo que los padres deberían limitar el uso de estos aparatos en la infancia e incluso prohibírselos antes de que cumplan los tres años.
 En las páginas de 'Archives of Disease in Childhood', el mediático Aric Sigman, un asiduo de los medios de comunicación británicos cuando se trata de hablar de psicología infantil, ha sugerido que demasiados padres utilizan la televisión como "niñera electrónica", lo que podría estar causando problemas en el desarrollo de los niños.
Según las estadísticas que cita Sigman, los adolescentes británicos (aunque los datos españoles no son muy diferentes) pasan una media de seis horas diarias viendo la televisión; "aunque está demostrado que los problemas de obesidad y de corazón derivados del sedentarismo comienzan sólo a las dos horas". Ya no es extraño que los pequeños visualicen al mismo tiempo la televisión y el ordenador, o que tengan un aparato de televisión en su propia habitación, "y esta práctica comienza cada vez antes en la vida".
Además de los problemas físicos, el psicólogo británico alerta de los perjuicios para el desarrollo infantil en una etapa en la que los niños deberían, sobre todo, jugar con sus padres e interaccionar cara a cara, no con una pantalla.
A su juicio, las autoridades europeas deberían tomar medidas restrictivas, o al menos recomendaciones que desaconsejen el uso de la televisión entre los más pequeños, "como ya han hecho países como EEUU, Australia o Canadá". Los pediatras canadienses, por ejemplo, aconsejan a los padres que no pongan una televisión en el cuarto de los niños; mientras que sus colegas estadounidenses recuerdan que no hay ningún beneficio conocido derivado de ver la televisión antes de los dos años.
Y es que, según este último informe, ya no es sólo una cuestión de sedentarismo, ni siquiera del contenido televisivo; sino del propio acto de ver la televisión en sí; y cómo esta actividad pasiva puede dañar el desarrollo social de los niños en una etapa clave en la formación de su cerebro. Incluso a partir de los tres años, Sigman recomienda limitar a media hora diaria el contacto con la 'caja tonta' y sólo una a partir de los siete años.
A pesar de que existe cierto acuerdo entre la comunidad científica sobre los peligros de la televisión y el sedentarismo de los espectadores más pequeños, la prohibición que sugiere Sigman no ha estado exenta de polémica. En declaraciones al diario 'The Guardian', algunos psicólogos infantiles recuerdan que Sigman no tiene formación específica en el tema y sus comentarios no están basados en una investigación propia, sino que se trata de un comentario basado en diversas publicaciones previas sobre el tema.
"Es importante poner esta actividad en el contexto del resto de la vida del niño", tercia con cautela Louise Arsenault, del Instituto de Psiquiatría; "y tener en cuenta el 'consumo' de pantallas cuando se enmarcan dentro de otros hábitos de vida poco saludables".
Para Lynne Murray, de la Universidad de Reading, por ejemplo, los efectos perjudiciales de la televisión pueden mitigarse si los padres interactúan con los niños y ven con ellos la televisión de una manera activa.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Videojuegos violentos "alteran funciones cerebrales en los jóvenes"


Un estudio parece demostrar, por primera vez, que los videojuegos violentos producen alteraciones de largo plazo en las funciones cerebrales de jóvenes adultos. Las regiones afectadas son las responsables de controlar emociones y el comportamiento agresivo.

La controversia sobre si los videojuegos violentos tienen repercusiones negativas ha permanecido sobre el tapete durante muchos años, e incluso llegó hasta la Corte Suprema de Estados Unidos en 2010.

Pero, hasta esta investigación había habido escasa evidencia científica que demostrara que los videojuegos violentos tienen una influencia neurológica negativa prolongada.

"Por primer vez hemos encontrado que una muestra de jóvenes adultos elegidos al azar presentó una menor activación de ciertas regiones frontales del cerebro, tras una semana de violentos videojuegos,"expresó Yang Wanginvestigador asistente del Departamento de Radiología y Ciencias de la Imagen de la Escuela de Medicina de Indiana University, en Indianapolis.

Un grupo de 22 varones sanos, cuyas edades fluctuaban entre los 18 y los 29 años, fueron separados en dos grupos de once.

"Elegimos sólo varones porque son los que usan estos juegos más frecuentemente," le dijo a BBC Mundo el doctor Vincent Matthews,miembro del equipo investigador.

Los miembros del primer grupo debían jugar, en casa, un video que involucraba uso de armas durante 10 horas, en una semana. A la semana siguiente, tenían que abstenerse de jugar.

El segundo grupo, el grupo control, no utilizó ningún videojuego violento por las dos semanas que duró el experimento.

Resultados

Aquí es donde entra a tallar la ecografía con su método de imagen deresonancia magnética, IRM.

Cada uno de los 22 voluntarios se sometió a un examen de IRM al principio del estudio, a la primera semana y al término del período experimental.

Durante el examen, los participantes completaron una tarea de interferencia emocional, apretando botones de acuerdo con el color de palabras presentadas de manera visual.

Entre palabras que no denotaban violencia, se intercalaron palabras que sí denotaban acciones violentas. Agregado a esto, los participantes llevaron a cabo una tarea de conteo para inhibir las facultades cognitivas.

Los resultados demostraron que tras una semana de videojuegos violentos, los miembros del grupo que debía jugarlos presentaban menor activación en el lóbulo frontal inferior izquierdo durante la tarea emocional y menor activación en la corteza cingulada anterior, durante la tarea de conteo, comparado con sus resultados iniciales y con los resultados del grupo control, después de una semana.

Estas regiones tienen a su cargo la expresión de emociones y el control de la agresividad.

Interpretación

Para el doctor Wang, estos descubrimientos permiten establecer que los videojuegos violentos tienen un efecto de largo plazo sobre el funcionamiento del cerebro.

Tras las dos semanas del experimento, el grupo que había utilizado el videojuego violento, presentó un mejoramiento en el funcionamiento de las zonas aludidas, aunque no consiguió regresar al estadio inicial.

Esto plantea una inquietud respecto al comportamiento permanente de quienes utilizan este tipo de videojuegos.

"No sabemos cómo responderán aquellos que juegan más de dos semanas una vez que decidan abandonar la práctica del videojuego violento", le dijo a BBC Mundo el doctor Vincent Matthews.

"Los individuos que utilizan videojuegos violentos deben tener claro el cambio que se produce en las funciones cerebrales asociadas con esta actividad," insistió.

"Deben considerar esta información al momento de elegir qué hacer en su tiempo de ocio."




Fuente: BBC Mundo
Autor: Redacción / BBC Mundo

sábado, 27 de agosto de 2011

Televisión y violencia


Detrás del crimen creciente, incluyendo tiroteos en la escuela y en el lugar de trabajo, a menudo se hace la pregunta: La violencia en la televisión, ¿promueve o motiva la violencia en la vida real?
Generalmente, la creencia popular hace responsable a la televisión como una de las causas principales y directas de la violencia y algunas investigaciones parecieran confirmar esta idea. Aunque hay todavía una confusión considerable entre los investigadores acerca de los efectos de los medios de comunicación, no se ha modificado mayormente el punto de vista popular sobre el tema. La crítica popular a la televisión presenta un cuadro de adicción que anestesia a los televidentes transformándolos en autómatas pasivos y zombis hipnotizados. A menudo se culpa a la televisión por el escaso rendimiento académico de los niños en la escuela, a pesar del hecho de que las tasas de alfabetismo en el occidente nunca han sido más elevadas. El problema es que aunque el alfabetismo ha aumentado, las exigencias con respecto a saber leer y escribir ha aumentado aún más rápido. La investigación también ha disipado el temor de que la televisión neutraliza la creatividad; los niños juegan tan creativamente con los relatos de la televisión como con los que leían en los libros.
Irónicamente, los críticos populares a menudo arguyen que la televisión no sólo ha transformado a los niños en zombis pasivos, sino que los ha llevado a ser hiperactivos, con un período de atención muy breve y con poderosas inclinaciones hacia la violencia. Pero nunca se explica cómo es posible que la televisión pueda hacer ambas cosas al mismo tiempo. Exactamente, ¿cómo es un zombi hiperactivo? Detrás de la creencia popular yace una suposición de que los individuos imitan actos específicos de violencia que ven en la televisión. De allí los reclamos periódicos a controlar más el contenido de la televisión, en particular el horario en que los niños la miran. Es típico pensar que siempre son los otros los que sufren lo pernicioso de la televisión, y nunca nosotros mismos.1 Pero es interesante notar que los niños tienen el mismo pensamiento paternalista y piensan que los programas no les hacen daño a ellos sino que son perjudiciales para los otros niños.

La investigación conductista
Se necesita una investigación sólida para aclarar perspectivas tan contradictorias. Pero la calidad de los estudios acerca de la televisión ha sido a menudo muy variada, y los resultados por lo general han estado de acuerdo con las opiniones de los investigadores anteriores a ellos. La mayoría de los aproximadamente 10.000 estudios realizados acerca de la violencia en la televisión ha sido realizada dentro del marco de la teoría conductista. Tal vez los experimentos mejor conocidos son los de Bandura y sus asociados, que demostraron que los niños que miran televisión sufren un efecto directo y medible sobre su conducta hacia unos grandes muñecos Tentempié (o dominguillos) de peluche. Los niños que habían visto una película violenta con estos muñecos se comportaron en forma mucho más agresiva que los que no habían visto la película.2
Sin embargo, aunque muchos experimentos conductistas mostraron una aparente conexión entre el mirar y la conducta, hay dudas considerables en cuanto a la validez de las conclusiones cuando se las generaliza. La investigación conductista tendía a ignorar el hecho de que mirar en una circunstancia controlada artificialmente afectaba la percepción de los televidentes y las expectativas acerca de sus reacciones. Uno de los investigadores oyó que un niño, en uno de los experimentos de Bandura, comentó: «Mira, mamá, allí está el muñeco a quien tenemos que pegarle».3
Tal reacción no sorprende. Un niño, en un ambiente que no le era familiar, llegó a la conclusión natural de que la película estaba sirviendo de modelo para su conducta hacia muñecos idénticos a los que se le estaban mostrando. La opinión actual es que la violencia mostrada hacia los Tentempié fue, por lo menos, tanto producto de las expectativas de los experimentadores que los niños percibían como el resultado de la violencia que estaban mirando. Además, suponer que un niño en esta situación transferiría esa conducta hacia las personas, es una falacia. Demandaría que el niño dejara de reconocer la diferencia entre una conducta aceptable hacia el muñeco y hacia personas reales. De hecho, los niños comprenden la modalidad de la televisión desde una edad razonablemente temprana y distinguen en formas más bien complejas entre lo que es real y lo que no es real. Los estudios acerca de la audiencia muestran que los televidentes no adoptan automáticamente los valores que ven en un programa; más bien, generalmente resisten los valores presentados en la televisión que contradicen abiertamente sus propios valores.4 Otros experimentos conductistas mostraron que las condiciones artificiales condujeron a resultados artificiales.5 En resumen, la investigación conductista con demasiada frecuencia, no ha tomado en cuenta las diversas formas en que la audiencia interpreta la televisión.
El problema de los investigadores y el público general es que es más probable que se llegue a una conclusión acerca de la violencia en la televisión si ésta apoya nuestras ideas preconcebidas. A fin de llegar a conclusiones inteligentes acerca de los efectos de mirar televisión debemos reconocer primero nuestros propios prejuicios y esperar que estos puedan ser modificados, sacudidos o contradichos.

Investigación múltiple
Las investigaciones que combinan las metodologías de diversas disciplinas están proporcionando las conclusiones más útiles acerca de los efectos de la violencia en la televisión. Lo que se está descubriendo es complejo, y sin embargo está más de acuerdo con el sentido común que las conclusiones previas. La lógica argumentaría que si las conclusiones de los conductistas fueran correctas acerca de los efectos inmediatos y mensurables de mirar una televisión violenta, entonces la mayor parte de las sociedades occidentales estaría llena de personas violentas. Aunque la violencia es uno de los grandes problemas de las sociedades occidentales, no alcanza un clímax después de los episodios de presentaciones violentas, ni la mayoría de los televidentes serían considerados violentos, en general.
De cualquier manera, las representaciones de violencia en la televisión no siguen los modelos reales de la vida diaria. Por ejemplo, con frecuencia se presenta a los policías con sus armas desenfundadas, mientras que una encuesta hecha a los oficiales de policía de los Estados Unidos reveló que, mientras cumplían con su deber, dispararon sus armas, como promedio, una vez cada 27 años.6 La mayoría de la violencia real es mucho menos espectacular y generalmente más personal que la que se muestra típicamente en la televisión.
Otra complicación es el problema que surge al tratar con la naturaleza y el grado de violencia. Aunque todos están de acuerdo en que el homicidio a sangre fría con un caño de hierro es violento, las mujeres probablemente estarían dispuestas a evaluar una confrontación verbal como violenta, mientras los hombres, más probablemente, limitarían su definición al uso de la fuerza física. En esencia, la violencia es un acto que se define socialmente, no puramente desde el punto de vista de la conducta.7 Por ejemplo, el hacerle un corte a un extraño con un instrumento podría ser considerado como violencia, a menos que la «víctima» fuera un paciente, y el «agresor» un cirujano con un escalpelo. Pero si el cirujano fuera un nazi haciendo experimentos en un campo de concentración, nuestro concepto podría cambiar otra vez. En cada caso la conducta fue la misma. Cambiar sólo el contexto social hizo la diferencia en la interpretación. Los deportes como el fútbol americano y el boxeo, en forma rutinaria, valoran una conducta violenta que sería inaceptable en la calle. Aun la violencia de un policía hacia un criminal es interpretada generalmente como menos violenta que la misma acción realizada por un criminal hacia un policía.

La naturaleza compleja de la violencia
La naturaleza compleja al definir la violencia se refleja en la forma en que las audiencias interpretan la violencia. Los niños interpretan la televisión de acuerdo con su propio sentido de justicia y orden sociales. Son capaces de leer la televisión como una serie de códigos, más bien que una representación literal de la realidad. Los estudios muestran que con frecuencia los niños son conscientes de la naturaleza representada en los espectáculos de la televisión y pueden señalar su naturaleza artificial. Pueden resistir y aún oponerse al mensaje de la televisión, porque reconocen la diferencia entre una representación y la realidad. Por ejemplo, los niños aborígenes en Australia se alinearon a veces con los indios «malos» en contra de los héroes en las películas del oeste, porque empatizan con la opresión social que sufren ellos.8
La forma en que se presenta la violencia afecta significativamente el grado de este impacto. Los niños interpretan ciertos códigos en la televisión como pura fantasía y los elementos violentos o de otra índole no son tomados literalmente. Esto es particularmente cierto en los dibujos animados, que contienen más actos de violencia por minuto que cualquier otra forma de televisión, pero también se aplica a los espectáculos con representaciones tales como la lucha, donde la causa y el efecto son obviamente exagerados. Los niños saben que la violencia es una representación exagerada de un conflicto, que en sí mismo es un elemento irremplazable de cualquier forma dramática, sea drama, espectáculos de preguntas y respuestas, o los deportes. Otros códigos son leídos en forma más literal. Un drama realista puede ejercer un fuerte impacto sobre los televidentes, especialmente en los más jóvenes, porque los códigos se parecen mucho a sus percepciones de la realidad. Aún entonces, cuando los niños crecen, son capaces de distinguir entre los actores que desempeñan sus papeles y los eventos que ellos describen. Tal vez las exhibiciones que tienen mayor impacto son la violencia documentada, como la que se ve en los noticiosos, los documentales, y los espectáculos realistas de la televisión, porque los niños saben que eso es real.9
La ideología social también afecta la interpretación de la violencia. Mientras las escenas violentas son comunes en la televisión, la violencia generalmente no es condonada en la sociedad y generalmente es canalizada hacia formas altamente reglamentadas como en ciertos deportes. Esta estructura ideológica influye sobe la forma en que los niños comprenden la violencia que ven en la televisión y los hace menos susceptibles a ella que, digamos, los estereotipos racistas o sexistas, que a menudo son apoyados por las estructuras sociales e ideológicas en que viven los niños. La familia, la escuela, la iglesia, y en general, las circunstancias en que vive un niño tendrán un papel importante en la determinación de los efectos de la televisión sobre ese niño.10
Debemos reconocer que la televisión no es la causa de la violencia social en los niños o en ninguna otra persona. En realidad, la vida es mucho más compleja que eso. Las sociedades violentas existieron antes de la televisión, y muchas de ellas fueron más violentas que la sociedad occidental actual. La conducta violenta es el producto de condiciones personales, sociales y económicas, y no será resuelta sencillamente prohibiendo el televisor. Por muchos años el Japón ha tenido niveles significativamente menores de violencia que los Estados Unidos. Pero la televisión japonesa es considerada generalmente como más violenta. La diferencia deberá ser explorada en las culturas de cada nación más bien que mediante un análisis de los medios masivos violentos.
También debemos preguntarnos hasta qué punto las sociedades urbanas despersonalizan a los individuos. Un estilo de vida urbano tiende a forzar a las personas a ignorar a los que los rodean en el ómnibus, el tren, la calle y el ascensor, aun cuando se estén tocando. ¿Qué influencia es mayor: la de los códigos de los dramas ficticios de la televisión o el impacto diario de la vida real que produce el no prestar atención a los demás?
Esto no significa que la violencia no tiene ningún efecto, o que no importa qué se muestra en la televisión, o que los niños pueden mirar cualquier cosa. Una exposición prolongada a otras formas de violencia en los medios, incluyendo las películas y los videojuegos, puede también tener un efecto perjudicial. El sentido común nos dice que no podemos mirar tanta televisión sin que produzca algún efecto, porque, como 2 Corintios 3:18 nos recuerda, por la contemplación somos transformados.

La televisión: una fuerza formadora
La televisión actúa como una poderosa fuerza formadora por derecho propio y afecta a los niños. En particular, la televisión puede tener efectos poderosos sobre los niños menores de siete años. En los primeros años, los niños reaccionan a las imágenes de la televisión exactamente como lo hacen con las personas reales y no comprenden que una cosa es la imagen y otra es la realidad. Los niños muy pequeños necesitan ser protegidos de representaciones de violencia. A los niños pequeños les resulta difícil comprender cómo los padres pueden aclamar un «tacle» en el fútbol americano y al mismo tiempo castigarlos por hacer lo mismo con sus hermanos. Desafortunadamente, aun muchos programas para niños tienen niveles de conflicto demasiado intensos para los niños pequeños, quienes pueden ser afectados por un acto de violencia tan suave como una discusión. Para los niños preescolares, se recomienda la programación más benigna.
Los niños también desarrollan la discriminación a tasas diferentes, y los padres necesitan observar a sus hijos en forma individual, evaluando sus etapas de desarrollo. La mayoría de los padres son demasiado optimistas con respecto a la capacidad de sus niños de manejarse con la violencia, a menudo por razones egoístas ocultas. Evitar que el niño vea algo violento podría forzar a los adultos a no mirar televisión.
Puede ser difícil aceptar que tal vez la violencia en la televisión no es tan devastadora como la evaluación popular nos quiere hacer creer. Surge la pregunta: Si la televisión no tiene tanta influencia, ¿cómo es que se gastan miles de millones de dólares por año para apropiarse de sus poderes de persuasión? La respuesta se encuentra otra vez en el proceso de mirar la televisión. Es más efectiva cuando le dice a la gente lo que ésta ya cree, y la publicidad refuerza la conducta socialmente aceptable, y en realidad, la que es socialmente recompensada. Sin embargo, la violencia en la televisión tiene un impacto reducido sobre la conducta de las personas. Porque cuando vivimos en una sociedad que en general no condena la violencia, aprendemos que la violencia en la pantalla es un código mediante el cual se cuentan historias, pero no un código con el cual uno se conduce en la vida real. La excepción sería, por supuesto, los niños que crecen en un hogar violento. Ellos aprenden que la violencia es una manera efectiva para que el más fuerte consiga lo que quiere. En tales casos, la televisión confirma sus creencias. Pero debemos reconocer que su conducta violenta fue aprendida en el hogar y su ambiente social y meramente reforzada por la pantalla. A menudo son estas personas las que proporcionan la evidencia popularizada en los medios de que la televisión provoca la violencia. Algunos hasta testifican que fue una película o un programa específico los que los condujeron a crímenes determinados. Tenemos que examinar cuidadosamente tales afirmaciones en busca de otros factores que hayan producido la violencia. Porque mientras la televisión puede contribuir a la conducta de las personas violentas, argumentar que es la causa de ella, es dejar de comprender la influencia de la experiencia de la vida real en la formación de las actitudes hacia la violencia. También debemos recordar el concepto cristiano de la elección, ya que aun Adán y Eva en un ambiente perfecto hicieron una mala decisión. Es tan fácil echarle la culpa a la televisión por elecciones que, en última instancia, son responsabilidad nuestra.
El hecho de que los mismos medios promueven un concepto de que ellos son la causa de los crímenes parece ser un argumento poderoso que apoya el impacto de la violencia en la televisión, pero en realidad los medios tienen interés en promover este concepto. Irónicamente, al echarse la culpa a sí mismos, los medios protegen sus ganancias. Los medios nunca llegarían a nada si contradijeran las creencias populares. Además, si los medios señalaran las causas reales de la violencia, eso distraería a las personas de la publicidad que las anima a gastar más en favor de ellas. La forma más efectiva de reducir el crimen no es mediante sentencias más drásticas, más policías, y la eliminación de los programas violentos, sino mediante la promoción de relaciones efectivas entre las personas. Si más personas estuvieran comprometidas con la acción social cristiana, ayudando a los desempleados a encontrar un trabajo significativo, creando actividades valiosas para los grupos más desposeídos, gastando sus propios excedentes en aquellos menos privilegiados que en ellos mismos, en el contexto de compartir el amor de Cristo, el crimen disminuiría significativamente. Pero esta conducta interferiría con la meta de la televisión de que gastemos más dinero en nosotros mismos.


La solución para la violencia
Los cristianos reconocen específicamente que la violencia es un producto de nuestra naturaleza pecaminosa, y no puede ser curada sencillamente proscribiendo influencias externas tales como las películas. Aun la acción social sólo podría reducir el crimen, pero no erradicarlo. Pero la solución real del crimen, que es el cambio del corazón que produce el evangelio de Jesús, es impopular. Es más fácil echar la culpa a los medios de comunicación que aceptar la responsabilidad personal. Desde el punto de vista cristiano, tal vez la violencia en la televisión es el menor de los males de ella, sencillamente por la razón de que la mayoría comprende que es una conducta socialmente inaceptable. Corremos un riesgo mayor cuando estamos de acuerdo con los medios, porque la televisión tiene más poder al coincidir con nuestros valores, y entonces, con frecuencia, no somos conscientes de su influencia. La relativa ausencia de protestas de parte de los cristianos acerca del materialismo, del culto a la belleza y del racismo y sexismo de los medios sugiere que tal vez estos valores forman parte de nuestras actitudes y la televisión sólo las refuerza. La religión de Jesús estaba profundamente opuesta a la discriminación sobre la base del sexo, la raza, la edad, la apariencia o la riqueza, y se debería mantener esta oposición. Hasta cierto punto, el debate sobre la violencia es una pantalla de humo que esconde el verdadero daño que causa la televisión al confirmar nuestros prejuicios, al mismo tiempo que nos hace sentir bien porque condenamos un mal menor.


Daniel Reynaud (Ph.D., University of Newcastle) enseña medios de comunicación e inglés en el Colegio de Avondale, y ha publicado artículos sobre diversos medios y es el autor de Reading With New Eyes: Exploring Scripture Through Literary Genre. Este artículo fue adaptado de su libro reciente: Media Values. Su dirección es: P.O. Box 19, Cooranbong, 2265, N. S. W., Australia. Email: daniel.reynaud@avondale.edu.au


Notas y referencias
1.   Jane Root: Open the Box (London: Comedia, 1986), p. 12; Mike Clarke, Teaching Popular Television (London: Heinemann, 1987), p. 175.
2.   Bob Hodge y David Tripp: Children and Television (Cambridge, England: Polity Press, 1986), pp. 193, 204, 205.
3.   Ibid., p. 207.
4.   John Fiske: Television Culture (London: Methuen, 1987), p. 71; Hodge y Tripp, p., 140. Ver también el capítulo “Audiences Studies”, en mi Media Values(Cooranbong, NSW, Australia: Avondale Academic Press), pp. 75 ff.
5.   John Tulloch y Graeme Turner (edit.): Australian Television (Sydney, Australia: Allen & Unwin, 1989), p. 169.
6.   Colin Stewart: The Media: Ways and Meaning (Milton, Qld.: Jacaranda, 1990), p. 132.
7.   Hodge y Tripp, p. 20.
8.   Tulloch y Turner, p. 170; Hodge y Tripp, pp. 213-218.
9.   Fiske, p. 288.
10. Tulloch y Turner, p. 169.


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