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domingo, 2 de julio de 2017

El mejor profesor de todos los tiempos


Muchos estudiosos de la didáctica y de la metodología de la enseñanza consideran a Jesucristo como el profesor más destacado de todos los tiempos. Hay decenas de libros al respecto.  El hecho es que su enseñanza creativa y transformadora alcanzó y alcanza a millones de personas.
El Maestro Jesucristo, un carpintero, sin haber dejado registrada jamás ni siquiera una palabra, sin jamás haber producido un artículo, investigación, monografía o libro, impactó a la humanidad de una forma impresionante.  Como nos lo recuerda el Dr. James Kennedy, con 12 discípulos Jesucristo ejerció una influencia civilizadora que dura hasta hoy. [1]
Es irrefutable que la vida del joven galileo causó gran impacto en su época y en la nuestra. Y lo más espectacular: hizo todo eso apenas hasta los 33 años de edad. ¡Esto es extraordinario! Como dice el respetado J. M. Price, en su clásico A Pedagogia de Jesus [La pedagogía de Jesús] “nadie estuvo mejor preparado, y nadie se mostró más idóneo que Jesús para enseñar. En lo que respecta a las calificaciones, como en otros aspectos, Jesús fue el Maestro ideal. Esto es verdad tanto visto desde el ángulo divino como del humano.  En el sentido más profundo, Jesús fue un Maestro que vino de parte de Dios”.[2]
Características de Jesús como profesor
El Maestro Jesús es sorprendente. Y, si miramos algunas de sus características de personalidad, tenemos que admitir que es un padrón de equilibrio absoluto, sentido común y profesionalismo. Siguiendo las percepciones de Roy Zuck,[3] pensemos un poco en algunas de sus características como Maestro.
Jesucristo es un referente de madurez. Lucas 2:40 nos dice que “el niño [Jesús] crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él”. Desde la perspectiva humana, Jesús era una persona madura; como Hijo de Dios y como miembro de la Trinidad, obviamente era espiritualmente maduro. Debemos seguir su ejemplo procurando crecer mentalmente, espiritualmente, físicamente y socialmente.
Jesús vino a la Tierra para revelar al Padre (Juan 17:26). De esta manera, podemos entender que poseía todo conocimiento y e era capaz de explayarse sobre cualquier tema con maestría. Ciertamente esto hacía que el pueblo quedara “suspenso oyéndole” (Lucas 19:48). Los profesores son responsables por lo que afirman, y por lo tanto, al abordar algún tópico, necesitan hacerlo con autoridad, la cual es el resultado del tiempo usado en oración, investigación y reflexión.
Siendo una autoridad en cualquier asunto, Jesús siempre hablaba con convicción; nunca dejaba una duda sobre lo que enseñaba.  Con plena certeza hacía afirmaciones como “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6); o: “Oísteis que fue dicho… Pero yo os digo que…” (Mateo 5:21, 22). El educador cristiano necesita expresarse con convicción, transmitiendo seguridad a sus oyentes; esto es el resultado, claro está, del estudio profundo de un área específica del conocimiento, pero también el resultado de una vida guiada por el Espíritu Santo.
El apóstol Pablo afirma que Jesús “se humilló a sí mismo” (Filipenses 2:8). Una clara demostración de la humildad del Maestro puede verse en su actitud de servir y no de ser servido. (Mateo 20:28). Los profesores cristianos no reciben respeto de sus colegas y alumnos por la autoexaltación, sino por la postura humilde de siervo. Después de todo, el orgullo causa rechazo, mientras que la humildad atrae.
Diferentemente de nuestra educación “de contenido”, orientada por el tema a ser transmitido, el Maestro Jesús no tenía contenido curricular cerrado, ni parecía preocuparse con lo que debería enseñar cada día. Obviamente él quería enseñar algunas cosas, pero lo hacía con espontaneidad, esperando el momento justo, cuando el corazón y la mente de sus oyentes estuvieran dispuestos. Fue así, por ejemplo, en la ocasión cuando calmó la tempestad (Mateo 8:23-27); ese fue el momento oportuno para enseñar sobre la fe y el miedo del ser humano, como también sobre el poder ilimitado de Dios. En ocasiones informales, las personas pueden tener mayor disposición para oír y captar enseñanzas que cambiarán para siempre su vida.
De vez en cuando escuchamos algunos alumnos afirmando que quedaron confusos en la hora de la clase, pues a veces, algunos profesores hablan de muchas cosas al mismo tiempo. Otros dicen que no entienden lo que se dice, pues algunos docentes utilizan palabras y expresiones desconocidas. Con relación al Maestro Jesús, podemos decir que había tal claridad en sus enseñanzas y discursos, “que los niños, los adultos y la gente común los escuchaban gozosos y quedaban encantados con sus palabras.[4] Si quisieran enseñar con claridad, los profesores deben elegir adecuadamente las palabras y expresiones que usan; y siempre que haya necesidad de usar una palabra técnica, poco común a los alumnos, es necesario explicarla de manera clara, ejemplificándola si es posible.
En su ministerio, Jesús enseñaba con sentido de urgencia, pues sabía que no tenía todo el tiempo del mundo. En poco más de tres años debería transmitir a la humanidad las enseñanzas que demostrarían la capacidad de transformar la rutina de la vida humana. Por lo tanto no había tiempo que perder. En Juan 7:33 está escrito: “Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros”. El Maestro tenía sentido de urgencia. No se dejó dominar por la agenda: él nunca estaba apurado y nunca canceló un encuentro. Siempre tenía tiempo para ministrar las necesidades de las personas.  Los profesores cristianos deben aprender a administrar mejor el tiempo, “aprovechando bien el tiempo” (Efesios 5:16), no desperdiciando el precioso tiempo de la sala de clase.  El tiempo es oro, y debe administrarse de tal modo que el profesor nunca se arrepienta de haber usado el tiempo de manera irresponsable.
En el ministerio de Jesús, su simpatía y empatía son evidentes, manifiestas en su amor y cuidado por las personas. El evangelio de Lucas dice que “todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (4:22). El educador Antônio Tadeu Ayres nos recuerda que “ningún profesor se considera bueno simplemente por casualidad.  Los alumnos perciben muy bien al Maestro que sabe lo que enseña, se complace en instruir y sabe cómo hacerlo.  También perciben la personalidad, el temperamento, los valores éticos y la capacidad de comprensión. En esta cuestión particular, tendrá éxito el profesor que de hecho practica la empatía”.[5] Desde una perspectiva cristiana, los alumnos no son meramente clientes, y sí, por encima de todo, candidatos al reino de Dios. Por lo tanto, los profesores deben ejercer paciencia, simpatía y empatía.  Después de todo, la enseñanza cristiana es mucho más que contenido. Es también la demostración de un interés genuino por las personas.
Finalmente, el Maestro Jesús jamás enseñó algo que no fuera pertinente o necesario para sus oyentes. Todo lo que habló era relevante y aplicable a la vida de las personas. También es un desafío para cada profesor, no meramente hablar bien, sino que su clase se vuelva relevante en la vida de los alumnos, haciendo que las enseñanzas sean pertinentes para cada estudiante que oye y participa de las clases. Actuando de esta forma, el profesor y la profesora tendrán como resultado una enseñanza que transforma.
Por
Dr. Adolfo Suárez
[1] James KENNEDY e Jerry Newcombe. E Se Jesus não Tivesse Nascido? São Paulo: Vida, 2003, p. 21.
[2] J.M. Price. A Pedagogia de Jesus. 3ª edição. São Paulo: JUERP, 1983, p. 5.
[3] Roy B. Zuck. Teaching as Jesus Taught. Grand Rapids: Baker, 1995, p. 63 a 89.
[4] Elena de White. La voz: su educación y uso correcto, p. 46.
[5] AYRES, Antônio Tadeu. Prática Pedagógica Competente: Ampliando os Saberes do Professor. Petrópolis, RJ: Vozes, 2004, p. 55.

miércoles, 8 de abril de 2015

Discriminación: un mal cotidiano


La discriminación es un problema social cuya única solución consiste en la transformación del corazón humano.
La discriminación racial o social no tiene sus raíces en el color de la piel, los grados académicos, la capacidad financiera o la nacionalidad. Sus raíces van más allá, se alimentan de algo más sustancial. La discriminación está en la raíz del corazón humano.

El problema

La discriminación no comienza con un problema con los demás, sino con un problema con uno mismo. Comienza cuando nos sentimos inferiores a otros y pensamos que nuestro valor depende de elementos externos: el color de la piel, la capacidad financiera, los títulos académicos o la nacionalidad. La solución que le damos a ese problema puede ser el germen de la discriminación como un mal social.
A una actitud de discriminación social se llega en cuatro etapas: a) el individuo se siente inferior, b) el individuo se esfuerza por destacarse o por llegar a ingresar en una élite, c) cuando se concreta el objetivo por medio de la adquisición de los símbolos que distinguen a la élite, se enseñan valores discriminatorios en la familia y el entorno, y d) los miembros de esas familias llegan a ser políticos, profesionales, académicos o religiosos, e instalan su discriminación en la sociedad.
Para que veas cuán arraigado se halla este problema, te hago esta pregunta: ¿Por qué una persona que puede comprar un buen auto a un precio módico está dispuesta a comprar un auto de lujo cuya marca es reconocida mundialmente y cuya diferencia con el otro auto es solo el precio?
Nuestras decisiones no siempre están determinadas por nuestras necesidades materiales, sino en primer lugar por nuestras necesidades emocionales. Nuestros complejos nos conducen a tomar decisiones a fin de sentir que formamos parte de un grupo selecto. Si todos pudieran comprarse un auto de lujo nadie le daría importancia al hecho de adquirirlo, y tampoco sería considerado un artículo de lujo. Pero si solo unos pocos pueden adquirirlo, eso lo hace atractivo. Se transforma en un símbolo que agrega valor y pertenencia, y llega a ser un boleto de acceso a “la élite de los que pueden”. ¡El placer no se basa tanto en tener un buen auto sino en provocar la envidia del que no lo puede tener! Así comienza sutilmente la discriminación.
Cuando nos consideramos importantes por tener algo que otros no tienen menospreciamos a los demás. Eso no sucedería si nuestra valoración personal se basara en lo que somos y no en lo que tenemos o hacemos. Nuestros complejos de inferioridad suelen manifestarse a la hora de adquirir los teléfonos y los asientos de avión, en la prosecución de los títulos académicos, en la compra de la casa. Esta ha sido en los últimos siglos una causa del surgimiento de las naciones, ya sea por separación de quienes se consideraban superiores o por reacción de los marginados por ellos.
Otro ejemplo de la miseria de nuestra condición humana es el programa “America’s Got Talent” y sus equivalentes en otros países. Los programas más comentados son aquellos en los que el jurado interroga con sorna a un participante porque su apariencia, edad o procedencia no parece ser prometedora. Luego el participante sorprende a todos con su desempeño, al grado de arrancar lágrimas a alguno del jurado. El video se hace virulento en las redes sociales, y todos aclaman al participante que a simple vista no parecía valioso. Y de pronto se vuelve importante. ¿Pero qué sucede si el participante no destaca? Es humillado verbalmente, despreciado por el público y el jurado, y descalificado. Así se comunica este mensaje: “Tú vales por lo que tienes o lo que haces. Si no te destacas según tales parámetros, nada vales. Debes resignarte a ser insultado, humillado y descalificado, porque eso es lo justo”. Allí anida el germen de la discriminación, cuyos frutos se verán en las escuelas, las iglesias, los gobiernos y las naciones.

Pertinencia y limitación de las leyes

La discriminación no se erradicará con leyes protectoras de las víctimas ni con declarar un día para reflexionar sobre este mal. Las leyes contribuirán a limitar la discriminación, no a eliminarla. Establecer un día para procurar el fin de la discriminación nos ayudará a admitir la pertinencia de estas leyes, y a reconocer que la discriminación es un problema cuya solución consiste en la transformación del corazón humano, donde hay un vacío emocional producto del pecado, que nos lleva a buscar nuestro valor fuera de nosotros, y de manera paulatina y sutil degenera en una actitud discriminadora.

La solución

Jesús trajo una propuesta superadora de los problemas sociales. El tema central de su mensaje era el reino que él vendría a instaurar aquí, en la tierra, donde no habría más discriminación ni desigualdad. A diferencia de los reinos de este mundo, que no pueden cambiar a las personas, él anunció un nuevo reino, el reino de Dios, y propuso la solución verdadera a la falta de valor emocional. Él dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (S. Juan 3:5). Los gobiernos terrenales promulgan leyes para limitar el mal, el gobierno de Jesús ofrece un nuevo nacimiento para eliminarlo.
Así como en el mundo natural no podemos nacer por nosotros mismos, ocurre en el reino espiritual. Para que esto ocurra debemos ir a Cristo. El evangelio dice: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (S. Juan 1:12). Las personas que pasan por esta experiencia viven voluntariamente según los principios del reino de Dios. El vacío emocional que producía el pecado ahora es llenado por el Espíritu Santo, y donde ellos viven se manifiesta el amor, el respeto y la consideración a las personas, por el hecho de ser personas, y no por tener o no tener, o por lograr o no lograr algo. Ellos contribuyen a una sociedad más justa, y se preparan para el día en que Jesús venga a restaurar su reino. Entonces terminará la discriminación racial porque “todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:25-28).
por
JOEL BARRIOS

El autor es ministro cristiano. Escribe desde Lawrenceville, Georgia.

Fuente: el Centinela

martes, 3 de marzo de 2015

¡La verdadera educación cuesta!


La educación cristiana adventista tiene su origen y fundamento en la Biblia, la Palabra de Dios. Y un hijo de Dios que considera que debemos ser educados para ésta vida y para la eternidad, debe entender que la educación que sus hijos merecen, es la bíblica. A continuación un sermón que define la educación adventista como la mejor:

by



¡Que Dios los bendiga!

domingo, 4 de mayo de 2014

¿Cómo elegir lo que miramos en la pantalla?


Por: Daniel Reynaud


La mayoría de los entretenimientos se caracterizan por la violencia, el sexo, un estilo de vida destructivo y el materialismo rampante Algunos adventistas responden al problema eliminando por completo la televisión, los vídeos y los filmes por considerarlos una fuente de corrupción.

Sin embargo, el aislarnos de los medios y de su valor potencial pareciera ser una actitud no realista. Sin una comprensión acabada de este tema, nuestro mensaje podría tornarse aislacionista e irrelevante y podríamos correr el riesgo de desconectarnos de la misma sociedad que debemos aceptar. Por supuesto, una aceptación irrestricta y complaciente de la oferta televisiva y cinematográfica definidamente no favorece al cristiano. ¿Sobre qué base, entonces, podemos elegir qué ver y qué no ver?

Los medios y los valores

En primer lugar, debemos entender cómo funcionan los medios. Demasiado a menudo, juzgamos los medios sobre la base de sus mitos populares, sin examinar realmente esosmitos. Resulta irónico que muchos de esos mitos son de hecho promovidos por los medios mismos, ya que sirven a su interés.

La preocupación primordial de los medios no es estética o moral. Aunque algunos productores tienen una agenda social o moral que apoyar como, por ejemplo, la tolerancia a la homosexualidad o una mayor aceptación de los enfermos de SIDA, en términos generales, los medios no presentan conscientemente un punto de vista. La razón de sus posturas sociales y morales generalmente uniformes se debe más que nada a las presiones comerciales en las que se desempeñan que a la conspiración de productores malignos.

A veces sentimos como audiencia que somos manipulados por productores que nos imponen sus opiniones. Sin embargo, si habláramos con ellos, veríamos que a menudo ellos sienten que dependen de audiencias volubles, cuyos gustos y deseos intentan constantemente entender y satisfacer. La historia de los medios está llena de ejemplos de filmes, programas televisivos y álbumes musicales cuyas ventas resultaron ser un fracaso. Estaban dotados de talento popular y una producción técnica de alta calidad pero, por alguna razón misteriosa, no lograron entusiasmar a sus audiencias. Como la producción de programas generalmente es muy costosa, los productores están continuamente buscando la fórmula mágica que les garantice un rédito a sus grandes inversiones. De allí la tendencia de crear una segunda parte de filmes exitosos. Sin embargo, los productores todavía no han podido descubrir qué es lo que hace que una producción resulte en un éxito o un fracaso.

Ahora que sabemos que los medios no se interesan primordialmente en transmitir valores, necesitamos establecer de qué tratan. Antes que nada, los filmes y la televisión son un negocio. Como negocio, su objetivo principal es ganar dinero, lo que logran de acuerdo con el número de espectadores; por lo tanto, intentan agradar al más amplio espectro posible de público. En la televisión, la recaudación más grande se lleva a cabo por medio de la publicidad. Si bien las mediciones de audiencia son importantes, más significativas aún son las opiniones de los publicistas. Podríamos mencionar varios programas populares que fueron eliminados del aire porque los publicistas consideraron que esos programas no eran un medio adecuado para sus productos. La función principal de la televisión es entretener pero, para los productores, es vender la atención de la audiencia a los publicistas.




Los publicistas desean encontrar en la televisión un marco adecuado para mostrar sus productos. Generalmente, esto significa representar a gente de raza blanca de clase mediaalta con un nivel de consumo más elevado que el común. El presentar personajes populares cuyo estilo de vida es un poco superior al nuestro anima el consumismo, que es lo que desean los publicistas. El materialismo rampante de latelevisión, y hasta cierto punto su racismo (la raza blanca predomina) y sexismo (los hombres aparecen tres veces más entelevisión que las mujeres y generalmente tienen los puestos de poder) son en gran medida el resultado de la necesidad de crear programas que apoyen la publicidad.

El cine, por el contrario, no depende de las ganancias obtenidas por la publicidad, por lo que su sistema de valores puede variar. Sin embargo, existen dos factores que lo acercan a los valores sociales aceptados, a saber, la necesidad de apelar a audiencias numerosas y la colocación de un producto. Este último es una forma de publicidad disfrazada, donde una compañía paga por recibir una cobertura favorable y significativa de su producto. Si una marca es visible en un filme, alguien probablemente pagó por ello. Esto sucede especialmente en el caso de las aerolíneas, los cigarrillos y el alcohol. De hecho, el cine tiende a enfatizar el consumismo egoísta y apoya las actitudes racistas y sexistas.

Para los cristianos, las cosas más notables en relación con la televisión y el cine suelen ser el sexo y la violencia, aunque a menudo dejamos de notar el craso materialismo tan arraigado en estos tipos de entretenimiento. La razón por la que ese materialismo no nos ofende es que tenemos los mismos valores. Y los medios logran influirnos especialmente cuando coinciden con nuestros valores, porque refuerzan lo que ya creíamos sin saberlo. Cuando los medios presentan algo objetable, solemos rechazar conscientemente esas ideas, minimizando su impacto.


Qué mirar

Ahora que conocemos el proceso que utilizan los medios para generar valores y hasta cierto punto la manera en que escapa a nuestra conciencia, podemos ocuparnos de nuestras elecciones. Inmediatamente surgen dos aspectos: ¿Qué mirar? ¿Cómo mirar? Nuestra elección debe estar complementada por una actitud y un proceso particulares si es que queremos mantener un sano enfoque cristiano de los medios. Creo que el “cómo” pone a nuestra disposición una gama de medios a una interacción cristiana positiva, sin la cual existen pocos medios recomendables para el cristiano. El “qué” es a la vez simple e imposible de responder. A menudo la gente quiere una lista de filmes aceptables. Eso se parecería demasiado a lo opuesto del “Index” (la lista de libros prohibidos por la Iglesia Católica durante y después de la Reforma). Sin embargo, los filmes apropiados pueden definirse de manera cualitativa y no cuantitativa. En otras palabras, pueden ser aceptables para una persona dentro de un contexto pero inaceptables en diferentes circunstancias. Es evidente que las diversas personalidades responden de manera diferente a filmes y programas particulares, como sucede con creaciones estéticas como la pintura, la música o cualquier otra. Deben tenerse en cuenta las diferencias de gusto como parte de la diversidad humana creada por Dios. Entonces, ¿cómo elegir un filme o un programa?

Yo preguntaría: ¿Refleja el mundo o parte de él? ¿Nos hace más sensibles al sufrimiento y al gozo, el dolor y el asombro? ¿Me pone en contacto con las emociones de otro? ¿Existe un mérito estético en su formación, calidad en sus procesos creativos, tal como la utilización del lenguaje o la yuxtaposición de imágenes? Cada una de estas características hace que un filme o programa sea pasible de alcanzar una reacción cristiana positiva.

La primera pregunta (¿Refleja el mundo?) nos pide que consideremos de qué maneras los medios nos permiten captar la condición humana. Debo enfatizar que la condición humana presentada no necesita ser positiva, dulce y alegre. Demasiado a menudo, los cristianos presuponen que las representaciones del mal son inapropiadas. Ha existido la tendencia de adoptar una visión tipo Disney del mundo, tanto literal como metafóricamente, lo cual no creo que sea correcto. Dios no tiene una visión falsamente romántica del mundo. La Biblia está llena de turbadoras imágenes del mal y allí está el secreto. Cuando la Biblia presenta el mal, lo muestra en todo su contexto, a menudo con ganancias a corto plazo, pero siempre con dolor a largo plazo. Los cristianos deberían rechazar los medios que ignoran la realidad del mal y sus consecuencias. Muchos programas son demasiado melosos, y muchos más, por elcontrario, intentan cubrir el mal con un velo de romanticismo y “glamour” al mostrar que la mala conducta no tiene consecuencias negativas. Por lo general, los héroes se valen de la violencia para lograr sus fines o tienen múltiples relaciones sexuales sin sufrir el bagaje emocional que esa conducta acarrea.

Un programa que refleja el mundo, o al menos parte de él, nos debería poner en contacto con las experiencias de personas reales. La comprensión de la verdadera naturaleza del mal y del bien es valiosa para el cristiano. Nos hace más sensibles a las necesidades de los demás y a la naturaleza del conflicto espiritual en este planeta. Para ello, un filme no necesita ser realista. Algo parecido sucede con las parábolas de la Biblia que, sin ser literales, enseñan una verdad real.

La pregunta en relación con la estética es a menudo ignorada por los cristianos. Somos responsables de desarrollar la apreciación estética, porque es un don de Dios y un reflejo de su propio sentido de belleza. Por lo tanto, debemos considerar lo estético de un filme además de su dimensión ética.

Cómo mirar




Para comenzar a responder este importante interrogante, permíteme sugerirte algunas cosas. Recuerda que los medios giran en torno a valores comerciales. El saberlo nos hace más sensibles a su influencia y actúa como un freno a su efecto. De hecho, siempre deberíamos reflexionar en el sistema subyacente de valores de un filme determinado. A menudo, un filme posee tanto valores superficiales como subyacentes, que pueden oponerse entre sí. Por ejemplo, el filme reciente


El diario de Bridget Jones posee valores que a primera vista parecen apoyar actitudes libertinas, aunque sus valores subyacentes tienen que ver con la integridad y la identidad humanas. Con la actitud correcta, el filme puede sensibilizarnos acerca de las situaciones que enfrenta la gente secular de nuestros días. En forma superficial, puede ser visto simplemente como un entretenimiento o como una experiencia negativa. El ser conscientes de los valores de un producto puede ayudarnos a reaccionar de manera apropiada. También es de ayuda conocer los procesos de producción de un filme o un programa. Por ejemplo, el conocer las técnicas básicas de filmación puede ser una manera poderosa de entender qué métodos de persuasión utilizan los medios. Los ángulos de filmación, la iluminación, la edición y el sonido nos ayudan a reaccionar ante los personajes representados. Cuanto más conozcamos los procesos, podremos determinar mejor nuestra reacción.


He presentado este tema en el nivel universitario durante más de diez años, y la respuesta más común que he recibido es que los conocimientos de las técnicas de filmación producen en los alumnos un desprecio saludable por toda la basura que solían mirar, ya que discriminan mejor, tanto en sus elecciones como en sus reacciones. En otras palabras, sus conocimientos trasladan el centro del filme al espectador.


Existen otras formas de educar al espectador. Por ejemplo, la mayoría de los filmes y programas son reseñados por la prensa. Naturalmente, esto no necesariamente se hace desde una perspectiva cristiana. Los reseñadores tampoco actúan siempre con justicia. A menudo poseen una actitud elitista hacia el cine popular. Sin embargo, las reseñas opinan acerca de la oferta actual y son una fuente de conocimiento que capacita al espectador. Otra forma válida de mirar filmes desde una perspectiva cristiana positiva es discutirlos luego de verlos, analizando particularmente su sistema de valores. Esta práctica nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad de comprensión, y el escuchar las posturas de los demás puede ampliar la nuestra, sensibilizándonos en aspectos que pudimos haber pasado por alto.


Conclusión


Permíteme concluir refiriéndome brevemente a dos filmes recientes relativamente populares: Shrek y Pearl Harbor. Tal vez no nos pongamos de acuerdo, pero al menos habremos considerado el valor de los filmes.


Mi reacción a Pearl Harbor fue muy negativa. Este filme, dirigido por expertos que se valieron de una técnica excelente, mostró claramente los horrores de la guerra, pero en mi opinión estas virtudes se velaban por debilidades importantes. El libreto está mal escrito y el argumento, sobrecargado de clichés. El tratamiento de los personajes y los temas son superficiales y fueron impulsados mayormente por la necesidad de resolver un triángulo amoroso. En muchos aspectos, me hizo recordar a Titanic, otro filme cuyas maravillas técnicas ocultó fallas similares. Lo que los desmejoró aún más fue la ilusión de mostrar algo histórico y real. Técnicamente, tenían muchos aspectos de realidad (por ejemplo, los barcos y los aviones parecían reales). Sin embargo, ambos usaron esto para vender un sistema de valores sentimental y superficial.


Por el contrario, Shrek es un ejemplo de un filme irreal que se ocupa de temas reales. Sus imágenes están generadas por una computadora, y todo el relato es una sátira de cualquier cuento de hadas que hayamos oído. Sin embargo, trata acerca de las relaciones humanas de una manera que refleja las complejidades de la vida real. Los personajes poseen valores en pugna que buscan la primacía y deben escoger. Al final, los personajes principales optan por relaciones basadas en la confianza y el perdón antes que las basadas en ganancias personales o las apariencias. El punto culminante del filme, cuando la princesa se transforma en una horrible criatura, similar a Shrek, enfatiza que los valores verdaderamente humanos no pueden estar basados en la mera apariencia. A pesar de un ocasional vocabulario inapropiado, el filme es pasible de una reacción positiva desde una perspectiva cristiana.


Daniel Reynaud (Ph.D., University of New Castle) es profesor titular en la Faculty of Arts, Avondale College, Cooranbong, Australia, y el autor de Media Values: Christian Perspectives on the Mass Media (Cooranbong: Avondale Academic Press, 1999).



Fuente: Dialogo Universitario 

martes, 1 de abril de 2014

Aprendiendo a perdonar


Cuando el rabino Michael Weisser y su esposa Julie se mudaron a Lincoln, Nebraska, huyendo de la persecución antisemítica que habían padecido en el este de los Estados Unidos, no podían imaginar lo que les esperaba: esta capital era la sede del Gran Dragón del Ku Klux Klan, una organización cuyo propósito es exaltar a la raza blanca a expensas de las demás razas, entre ellas la judía.1
Los Weisser empezaron a recibir literatura racista y llamadas telefónicas obscenas. Y ante cada amenaza, iban poniéndoles cada vez más candados a las puertas y vigilando las entradas y salidas de sus hijos.
Hasta que un día se cansaron de vivir prisioneros en su propio hogar. Se propusieron ganarse al enemigo con el amor. El rabino empezó a dejar mensajes de paz en la máquina contestadora del teléfono del Gran Dragón.
Y, ¿quién era este Gran Dragón, este rey del odio? Un pobre desgraciado, llamado Larry Trapp, al que le habían amputado ambas piernas hasta la rodilla por causa de la diabetes, y que vivía confinado en una silla de ruedas. Un hombre abandonado de niño por su padre y que tras dos matrimonios fracasados vivía solo.
El rabino se pasó todo un año dejando aquellos mensajes bondadosos, hasta que un día, el amor perdonador del rabino y su familia logró derribar la muralla de odio que había construido Larry Trapp en su entorno. Cuando Larry Trapp estaba en su lecho de muerte, los Weisser lo recibieron en su hogar y lo atendieron hasta que murió. ¡Otro milagro del amor y del perdón!
Durante los últimos años ha habido un gran interés en el poder restaurador del perdón. Por ejemplo, el poder del perdón para abrirle el paso al amor y a la sanidad emocional y aun física, se viene estudiando por la comunidad científica desde finales de la década de 1980. Existe en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, el Instituto Internacional del Perdón, fundado en 1994. Los cerebros más privilegiados se dedican a dilucidar los misterios de un acto capaz de reconciliar a enemigos de por vida, librar del odio a un corazón lacerado por el abuso, y aun sanar una enfermedad física.
En Sudáfrica, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, bajo el liderazgo del arzobispo Desmond Tutu y respaldada por el gobierno de Nelson Mandela, logró evitar años de represalias entre blancos y negros mediante un proceso de confesión y amnistía. Y el interés por perdonar no se limita a las naciones cristianas. En el Japón, hace unos años, el primer ministro pidió disculpas al pueblo coreano por las masacres de años pasados.
¿De dónde nace el poder sanador del perdón? El poder del perdón proviene de un Dios perdonador. Cuando la primera pareja cayó en pecado y ofendió a su Creador, Dios tomó la iniciativa para subsanar la relación quebrantada. En un acto de amor y de gracia infinitos, se ofreció a sí mismo mediante su Hijo, Jesucristo, para pagar el precio de la ley transgredida. Esa ley, la ley de la vida, debía repararse con la vida de alguien, y ese alguien fue el inocente Cordero de Dios, Cristo. Este acto perdonador había de servir por siempre a los seres humanos como ejemplo de la actuación del perdón en la vida de todo creyente. Así como el perdón de Dios construyó un puente entre el cielo y la tierra, el perdón que yo le ofrezco a quien me haya injuriado llega a ser el puente a través del cual volverán a pasar los actos de bondad y de amor entre mi prójimo y yo.
El perdón está al centro de la religión cristiana, pero el perdón es la virtud cristiana más difícil de practicar, precisamente por su capacidad de hermanarnos con lo divino. Podríamos definir el perdón como el ejercicio humano de una virtud divina. No deseamos perdonar a una persona que nos ha insultado, pero la invitación divina es perdonar, así como nosotros hemos sido y seguimos siendo perdonados por un Dios misericordioso.
¿Por qué deben perdonar los cristianos?
1. Porque servimos a un Dios perdonador: “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Dios no esperó a que nosotros le pidiéramos perdón, sino que, en un acto de gracia, pagó el precio que nosotros, por ley, debíamos pagar. Y no nos perdonó solo una vez, sino que nos sigue perdonando gracias a la sangre derramada de Cristo Jesús. Dice el salmista: “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmo 103:10, 14).
2. Porque al aceptar a Cristo como nuestro único Señor y Salvador, somos transformados en nuevas criaturas: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17) Ahora lo que nos dictan las tradiciones y la herencia cultural tiene que pasar por el cedazo de la nueva criatura hecha, no ya a la imagen de lo que impone la sociedad, sino a la imagen de Cristo, Dios con nosotros. La vivencia de Cristo en el cristiano es lo que dicta la forma en que tratará a la esposa, a los hijos, al compañero de trabajo o de la escuela. Y el Espíritu Santo, que reemplaza al espíritu humano vengativo y orgulloso, actúa en nosotros para sustentar la nueva creación en el camino del amor.
3. Porque al constituirnos en nuevas creaciones, Dios nos asigna el ministerio de la reconciliación: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18). Este ministerio no se limita a traer a las almas perdidas a los pies de Jesús. Incluye arreglar cuentas con las personas a quienes hemos ofendido o que nos han ofendido a nosotros.

Principios bíblicos del perdón

¿Qué nos enseña la Biblia acerca del perdón?
1. Dios es amor. En primer término, la Biblia nos dice que nuestro Dios no se cansa de perdonarnos. Cuando se manifestó a Moisés en el desierto, reveló su carácter de la siguiente manera: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” (Éxodo 34:6, 7). El Dios del Antiguo Testamento es el mismo que se manifestó en el Nuevo Testamento mediante Jesús de Nazaret, un Dios de misericordia y compasión, y sus hijos han de reflejar ese carácter santo.
2. La confesión. La confesión es la antesala del perdón. Para que haya una confesión, debe haber un reconocimiento del mal cometido. Esto también se aplica a nuestras relaciones con los demás. Este principio se encuentra en el Salmo 32: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día... mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (vers. 1, 3, 5). También hemos de tener la valentía de confesar nuestras ofensas a quien hayamos ofendido. La oración modelo de nuestro Señor Jesucristo nos recuerda la relación que existe entre recibir el perdón de Dios y perdonar al prójimo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (S. Mateo 6:12).
3. No se perdona solo una vez. Dios no nos perdonó solo una vez, aún nos sigue perdonando. Por eso, debemos ser pacientes con los que nos ofenden: “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento, perdónale” (S. Lucas 17:3, 4). Peter Ustinov ha dicho que el amor es un acto de perdón perpetuo. Si Dios tiene paciencia conmigo, yo he de tener paciencia con el prójimo.
Es necesario señalar la diferencia entre perdonar y reconciliarse. Siempre hay que perdonar, aunque no siempre pueda haber reconciliación. Por ejemplo, volver a vivir con el ofensor, en casos en que peligra la vida de la víctima. Tal vez no se pueda volver a la misma relación de antes, así como en el caso de Dios con el antiguo pueblo de Israel, pero siempre se puede perdonar, es decir, librar al ofensor de su deuda y respetar su deseo de no seguir en la relación. ¿Cómo puede ser esto? Porque el perdón libera a la víctima del odio y el resentimiento que tarde o temprano tendrán su efecto nefasto en la mente y en el cuerpo.
4. El perdón sana. Para Jesús, el perdón y la sanidad del ser humano eran lo mismo, tal como se revela en el caso del paralítico a quien Jesús dijo al sanarlo: “Tus pecados te son perdonados” (S. Mateo 9:1-7).
El Dr. Bernie Siegel, oncólogo y autor del libro Del amor, la medicina y los milagros2cuenta la historia de una paciente suya, desahuciada, a quien el cáncer había invadido casi todo el cuerpo. Ella se fue a una cabaña que tenía cerca de un lago en las montañas y allí, rodeada de aquella belleza natural, empezó a pensar en todas las personas que la habían ofendido: su ex esposo, su padre, una hija, etc. Eempezó a escribir los nombres de cada persona y cuando terminó, se puso de pie en frente del papel y declaró: “¡Los perdono a todos!”
De pronto sintió una fuerza que no había sentido en un año o más. Hasta la fecha apenas había podido caminar de la mesa hasta el refrigerador, pero según iban pasando los días tenía energía para salir a caminar, y cuando logró darle la vuelta completa al lago, llamó al Dr. Siegel para rogarle que le hiciera las pruebas para ver si todavía tenía el cáncer. Y cuando volvieron las pruebas, éstas revelaban que el cáncer había desaparecido por completo.
El aprendizaje del perdón es un desafío diario que, gracias a Dios, no tenemos que afrontar solos. Jesús les prometió a sus seguidores antes de volver al cielo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (S. Mateo 28:20), una promesa que usted y yo podemos reclamar frente a los grandes y pequeños desafíos del diario vivir.
por Lourdes Morales-Gudmundsson
1 Katherine Watterson, Not by the Sword (Nueva York: Simon & Schuster, 1995).
2 Bernie Siegel, Love, Medicine, and Miracles (Nueva York: Harper, 1986).

viernes, 24 de enero de 2014

Los padres generan las bases para que los hijos tengan éxito en su vida!



¿En qué medida y de qué maneras influimos los padres para que nuestros hijos sean buenos estudiantes? 

Mag. Roberto Ledesma, director del Col. Alberto Schweitzer, responde:

Siempre y cuando hablemos de niños sin dificultades profundas de aprendizaje, pienso que los padres generan todas las bases, en casa, como para que los hijos tengan éxito en su vida ...
»» Lee la entrevista completa aquí -»»

lunes, 16 de septiembre de 2013

Cómo ayudar a sus hijos a tener éxito en la escuela


Hilda creció escuchando la historia de cómo sus padres Raúl, de origen mexicano, y Juana, nacida en Nicaragua, se conocieron mientras asistían a una clase para obtener la ciudadanía estadounidense en Los Ángeles, California. A la hora de cenar, su padre les contaba los esfuerzos que hacía para lograr mejores condiciones de salud y seguridad en su trabajo. Hilda llevaba a sus hermanitas menores con frecuencia a la biblioteca.
Juana trabajaba hasta diez horas diarias, pero mantenía contacto con la escuela de sus hijos. Un día el consejero de Hilda le dijo: “Señora, su hija no es material universitario. Debería seguir la carrera de su hermana mayor y estudiar secretariado”. A pesar de ello, Hilda se graduó con un Bachillerato en Ciencias Políticas de la Universidad Politécnica del Estado de California y obtuvo una Maestría en Administración Pública en la Universidad del Sur de California. Hilda terminó siendo una secretaria: ¡la Secretaria de Trabajo de los Estados Unidos de América! Ella fue la primera mujer latina en el Senado de California, la primera mujer que recibió el John F. Kennedy Profile in Courage Award, y la primera mujer latina en servir en el Gabinete de los Estados Unidos de América.1
Como Hilda L. Solís, varios líderes del gobierno actual de los Estados Unidos, incluyendo al Presidente Barak Obama, fueron los primeros en sus familias en asistir a la universidad. La cuarta parte son graduados de la Universidad de Harvard.2
No siempre escuchamos historias tan alentadoras. Los latinos, quienes constituyen el grupo étnico que crece más rápidamente en los Estados Unidos, son los que tienen menos educación formal. Las estadísticas nos dicen que desde kindergarten hasta el día final de su educación formal, el promedio de los latinos en los Estados Unidos tiene un rendimiento escolar más bajo que la mayoría de sus compañeros de escuela.3
¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a triunfar académicamente en medio de una sociedad donde la violencia doméstica, los padres ausentes, la intimidación, el aislamiento social, la gratificación instantánea y la explosión tecnológica, entre otros problemas, han creado un mundo diferente? Esta “generación cibernética” ya no se reúne con sus amigos después de las clases para subirse a los árboles, jugar a la pelota, las muñecas o el baloncesto, sino que se comunica a través de los sitios sociales en el Internet.
Estudios indican que el 93 por ciento de los adolescentes entre los 12-17 años tiene acceso al Internet y el 71 por ciento tiene teléfono celular.4 Esto facilita la comunicación, pero también permite el intercambio de mensajes con contenido sexual, amenazas e intimidación. La práctica de enviar fotografías sexualmente explícitas de ellos mismos o de otros se conoce como “sexting”. Estudios realizados entre los adolescentes de 13 a 19 años indican que el 20 por ciento ha enviado y el 48 por ciento ha recibido mensajes con contenido sexual,5 lo que contribuye al acoso sexual, los embarazos precoces y otros problemas.
Rainwater and Smeeding (2005) indican que el ambiente que rodea a los estudiantes fuera de la escuela contribuye más a sus resultados académicos que los factores en la misma escuela.6 Estos hallazgos confirman la importancia que tiene el hogar en la formación y el éxito académico de los niños. Los padres tienen en sus manos la oportunidad de cambiar significativamente las circunstancias que afectan el desarrollo intelectual y moral de sus hijos. Consideremos las siguientes áreas relacionadas con la familia que preparan a los niños para tener éxito en la escuela y en la vida.
La familia es el centro de aprendizaje de la herencia cultural y familiar.Al aprender acerca de sus antepasados, los niños se dan cuenta que son parte de una historia que comenzó antes que ellos nacieran. Esto les da sentido de estabilidad, seguridad y pertenencia.
Ayude a sus hijos a desarrollar una actitud positiva. Repítales que son inteligentes, fuertes y capaces de lograr sus metas. Presente como modelos a personas que han triunfado en sus estudios o sus carreras. No deje de enseñarles que todos somos hijos del mismo Dios y como tales, tenemos el mismo valor.
Enséñelos a respetarse a sí mismos. Deben aprender desde pequeños a respetarse a sí mismos y a conocer el valor que tienen delante de Dios. Enséñeles buenos modales y no permita el abuso físico, sexual, verbal, o emocional en su familia. Sea honesto con ellos y sentirán que usted los respeta. Mantenga una relación abierta con sus hijos y conozca a sus amigos. Establezca límites, disciplínelos con amor y explique las consecuencias de sus acciones.
Ayúdelos a desarrollar sus facultades. Enseñe a sus hijos a disfrutar de la música clásica, la naturaleza y el arte. Llévelos a la biblioteca y busque actividades intelectuales que no sean costosas pero que les ayuden a desarrollar armoniosamente todas sus facultades. Desde pequeños ponga en sus manos libros para instigar el amor hacia la lectura. Conozca las habilidades de sus niños y motívelos a desarrollar todo su potencial mientras los prepara mental y emocionalmente para alcanzar las metas más altas.
Establezca una hora específica para las tareas escolares y las del hogar. Realizar tareas para el bienestar general de la familia les enseña responsabilidad y propósito en la vida. Los horarios y rutinas hogareñas les ayudarán a desarrollar destrezas de organización y trabajo independiente.
Participe en su educación, asista a las reuniones y comuníquese con los maestros. Conozca los derechos y servicios que sus hijos deben recibir y asegúrese de que completen los requisitos y exámenes que faciliten su ingreso en la universidad.
Enséñelos a confiar en Dios. Al terminar, quiero enfatizar lo que considero más importante: la relación con Dios. Cuando un niño aprende por precepto y por ejemplo a honrar a Dios y a sus padres, respetará también a sus maestros. Enséñeles que hemos sido creados por Dios quien lo dio todo para demostrar su amor infinito. “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17).
Dios inicia el acercamiento, nosotros respondemos y desarrollamos una relación con nuestro Creador. Su eterno amor nos sostendrá a través de las dificultades y nos enseñará lo que debemos hacer. Nuestros hijos, al observar nuestra vida, aprenderán por ejemplo y desearán tener una relación íntima con Dios, quien los ayudará a vivir una vida de éxito aquí y por la eternidad.
por Myriam González
1Greenhouse, S. 6 de julio, 2009. “As Labor Secretary, Finding Influence in Her Past” [Electronic versión].New York Times; Hilda Solis. Consultado el 22 de mayo, 2011 en img1.browsebiography.com/bio-hildalsolis.html.
2Wides-Muno, L. 2009. “Obama appointing Hispanics to senior positions at record pace” [Electronic version].diverseeducation.com/article/13285/.
3Gándara, P., “Meeting Students Where They Are” [Electronic Version]. Educational Leadership, T. 67, No 5, pp. 24-30. Consultado el 22 de mayo, 2011 en www.ascd.org/publications/educational-leadership/feb10/vol67/num05/The-Latino-Education-Crisis.aspx.
4Jones S, Fox, S. Generations Online in 2009, (Washington, DC: Pew Research Center, 2009). Consultado el 22 de mayo, 2011 en www.pewinternet.org/~/media//Files/Reports/2009/PIP_Generations_2009.pdf.
5Sex and Tech: Results from a Survey of Teens and Young Adults. National Campaign to Prevent Teen and Unplanned Pregnancy. Consultado el 22 de mayo, 2011 enhttp://thenationalcampaign.org/sextech/PDF/SexTech_Summary.pdf.
6Rainwater, L., Smeeding, T. Poor Kids in a Rich Country: America´s Children in Comparative Perspective(New York: Russel Sage, 2005).


La autora tiene un doctorado en Educación y es pastora de la iglesia All Nations de Monrovia, California.
FUENTE: el Centinela
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